Último Reportaje

El águila calzada, con sus largas alas, sus patas emplumadas y su estilizada silueta, puede lucir dos plumajes completamente diferentes, uno claro y otro oscuro, que no están relacionadas con el sexo ni con la edad. Se les denomina morfos. Por qué se mantiene este polimorfismo y cómo se consolida en las poblaciones es aún un misterio para el que un equipo de científicos de la Universidad de Murcia plantea una hipótesis en la que entra el juego la coloración de los padres, y sobre todo de la madre, que cuando es oscura deja una impronta en el polluelo que hace que tienda a buscar parejas oscuras. Éste es un apasionante relato de genes, nidos, parejas y muchos años de investigación.

Mónica Rubio. Periodista y Bióloga.