Mariposas de otoño, exclusivas y viajeras
Una exposición en la BRMU anima estos días a reflexionar sobre la presencia, estación a estación, de este fauna de delicada anatomía

Contra todo pronóstico para el profano, el otoño, que ya ha entrado por el calendario, es una estación excelente para observar mariposas. “Es una segunda primavera, pero mucho más breve. Las lluvias caen de repente y, de pronto, tenemos mucha agua de nuevo en el suelo. Ello permite a las plantas volver a crecer y que las mariposas, que estaban en estadío de larva, pupa o huevo, puedan hacer un ciclo más. Como resultado, tenemos en Murcia mariposas de otoño, especies que exclusivamente salen en esta época del año”, explica Diego Gil Tapetado, doctor en Biología y uno de los responsables de la exposición ‘A ritmo de mariposa’, que recoge estos días en el recibidor de la Biblioteca Regional de Murcia una quincena de fotografías con las especies más representativas que, estación a estación, se dejan ver por toda la Región. La muestra, breve pero bien acomodada, invita a profundizar en lo que esta fauna nos cuenta, en su biología, en los desafíos a los que se enfrenta su delicada anatomía y en lo que desconocemos de ellas que, al parecer, es mucho.
¿Y cuál es el ritmo de las mariposas? Son dos, dice el experto. De un lado, el aleteo al volar, que parece que suben y bajan. “Si las pusiéramos a cámara lenta, veríamos cómo ondulan las alas mientras vuelan”, detalla. De otro, el ciclo anual con las diferentes especies que se suceden. En primavera, hay muchas y se relevan muy rápido, “es como si hubiese varias melodía sonando donde, de cuando en cuando, alguna toma protagonismo, pero se agotan rápidamente y desaparecen hasta el próximo año, cuando todo se repetirá, pero con diferentes matices”. En verano, la música se detiene, “solo quedan algunas notas, muy pocas mariposas o casi ninguna. Este verano, además, ha sido especialmente terrible para ellas, el verano con más días de horas de calor de la serie histórica, y esto ha repercutido de forma negativa”, lamenta. En otoño vuelve un ritmo acelerado como el de primavera, pero con muchas menos notas; con sonidos nuevos, pero todo más breve. Y en invierno, mientras en el resto del mundo el ritmo casi ha desaparecido, al ser ésta una zona cálida, árida, sigue habiendo mariposas salvo, quizá, alguna semana muy fría. “Cuando las mariposas que hibernan perciben un poco de sol, salen, porque sigue habiendo recursos, así que aquí mantenemos una melodía invernal”, describe Gil Tapetado.
Un ritmo persistente que no exento de retos. Precisamente en otoño, algunas especies deben sobrellevar el peso de la enorme cantidad de kilómetros que pueden acumular en sus alas. Y es que en esta estación tiene lugar “el viaje de vuelta de las mariposas viajeras, que en primavera han subido hacia el norte de Europa y ahora bajan hasta nosotros, cruzan el Mediterráneo, llegan a África y culminan su recorrido en el sur de la sabana africana”, detalla el investigador.
La mariposa de los cardos, la ‘monarca murciana’ con un viaje fascinante
Porque si la migración de la mariposa monarca desde México a Canadá es un fenómeno mundialmente conocido, el caso ‘gemelo’ que tiene lugar cada año aquí, en la Región, sucede en absoluto silencio y es por completo ignorado. La protagonista es la mariposa de los cardos. “A mí me preocupa, desconocemos totalmente el viaje de la cardera (Vanessa cardui), y es un viaje fascinante”, reivindica Gil Tapetado. En el hemisferio norte, esta mariposa pasa el invierno al sur de la sabana africana, pero en verano viaja el norte de Europa; y cuando llega de nuevo el frío, desanda todos estos miles de kilómetros de vuelta hacia África. “Ahora, en otoño, la veremos bajar”, recuerda. La diferencia con las aves es que, en ese caso, van y vuelven los mismos ejemplares; pero en las mariposas, sube una generación y baja otra. Hay ejemplares que hacen un recorrido de cientos de kilómetros, se posan en el norte de África y ponen los huevos; mueren, y sus hijas continúan el viaje aún más al norte, por ejemplo a Murcia. Aquí depositan la puesta, y sus hijas ascienden hasta alcanzar más norte. Van subiendo por generaciones. “Las que salieron desde África no son las que llegan al norte de Europa, a lo mejor son sus tataranietas. El legado del viaje hacia el norte lo lleva toda la familia en la memoria genética, cuyos miembros, dependiendo de las condiciones ambientales, saben que tienen que desplazarse. Y este viaje lo repiten todos los años”.
Y, en este viaje casi milagroso, la Región es un lugar muy importante para esta mariposa, porque es uno de los saltos principales desde África. “Uno pensaría que la cardera atravesaría el mar muy cómodamente desde Gibraltar, pero no son grandes voladoras, tienen que coger corrientes de aire”, explica el joven investigador. Y en Gibraltar, las corrientes empujan mar adentro, hacia la masa de agua del Mediterráneo, no hacia el norte, su destino. Por lo tanto, es difícil que crucen por allí. ¿Por dónde cruzan? “Por donde hay corrientes circulares, por ejemplo, la que tenemos desde África hacia Murcia –hay otra importante hacia Málaga-. Y desde aquí, más y más hacia el norte… La Región es, por ello, una vía principal en la migración de esta mariposa”, reivindica.
Curiosamente, ésta ha sido una primavera notable para ellas, con una superpoblación de ejemplares. “Es el año que más se han visto en la última década y desde que tenemos registros. Ha sido espectacular”, relata el biólogo, quien recuerda momentos con 50 ejemplares en las plantas, siguiéndose unos a otros. “Una imagen muy parecida a la monarca. ¡Y estaban ahí!, pero mucha gente pasaba y no las veía. Por eso la divulgación es tan importante, apunta, para sensibilizar e informar, y que se despierte el deseo de proteger los espacios en los que pueden hacer una parada vital en su largo viaje”.
Cerca de 120 especies
La exposición recoge unas pocas especies, pero interesantes. Además de la cardera, aparecen el cardenillo (Tomares ballus) –la mensajera del invierno–, la oruga de la mariposa del madroño (Charaxes jasius), la popular reina o macaón (Papilio machaon)... En la Región hay cerca de 120 especies diferentes de mariposas diurnas (polillas aparte, que también son lepidópteros). Aunque esta Comunidad tiene un tamaño reducido en comparación con otras zonas de la Península, posee un gran gradiente de hábitats que permite una considerable biodiversidad. Hay en esta tierra desde desiertos a arenas como las de Calnegre o Calblanque, pasando por las alturas de Sierra Espuña y zonas húmedas o frías como el Noroeste o los bosques de Moratalla.
Entre las singularidades, alberga especies concretas del sureste árido o desértico, que comparte con Almería o el sur de Alicante, como el laberinto africano (Tarucus theophrastus), que se alimenta únicamente del azufaifo (jinjolero). Para ver esta especie hay que desplazarse, en mitad de agosto y al mediodía, a zonas desértica o de ramblas muy abiertas, donde están sus plantas nutricias, “y parece increíble que una mariposa tan pequeña pueda volar en esas condiciones tan casi desagradables”, se asombra el biólogo.
Singular es también la alcaparrera (Colotis evagore) que, con sus pintitas naranjas, se alimenta de las tapeneras que lucen verdes en medio del verano e taludes, casi barrancos, lo que dificulta su observación. Y la mariposa tigre (Danaus chrysippus), cuyas orugas dan cuenta, entre otras plantas, de unas sencillas enredaderas que crecen en vallas, de donde habitualmente se retiran cuando son, sin embargo, esenciales para estos insectos de gran tamaño “que parecen mariposas de fuego cuando vuelan”.
Se trata, todas ellas y aún otras más, de “especies muy exclusivas, que en muchas ocasiones pasan desapercibidas”.
Tras la mariposa pánfila, una especie desaparecida en la Región
En la recámara de la expo se han quedado otras bellezas, como el festón blanco (Hipparchia fidia), que es bastante común, de tonos marrones, albos o naranjas, y maestra del camuflaje a pesar de su gran tamaño; o la gris estriada (Leptotes pirithous), que solamente en esta zona sur peninsular parece tener su hábitat todo el año al no tolerar el frío. Es otro ejemplo de que los inviernos suaves de la Región son un clima privilegiado para muchos insectos, ya que el frío intenso o las grandes heladas arrasan con muchas especies en otras latitudes. Y una de sus favoritas, la razón por la cual Gil Tapeteado vino a estudiar a Murcia, la llamada mariposa pánfila (Coenonympha pamphilus), pequeña, la quinta especie más común de España y Europa, fácilmente detectable, pero que “desapareció de la Región hace unos 15 años, y es un claro indicador de cómo el cambio climático está afectando a nuestra fauna”. Que en nuestra Región desaparezca una de las especies más comunes es realmente una tragedia y un faro a seguir para ver cómo puede afectar el cambio climático tanto a la fauna como a nosotros mismos”, alerta el investigador.
La relación con el cambio climático no es unívoca. Hay especies de alta montaña que necesitan condiciones muy frías y que cada vez están yéndose más y más arriba, o incluso están desapareciendo. Mientras que a otras les va bien porque gustan de zonas de altas temperaturas y año tras año alcanzan latitudes más septentrionales. La citada mariposa tigre, hoy, aunque puede alcanzar Francia, no tolera el frío y allí muere, pero pasa perfectamente el invierno en la Región. Esta especie se introdujo en la península Ibérica en los 80 “y en el futuro llegará a asentarse donde hoy solo aparece en invierno. Los iberoafricanismos y suresteiberoafricanismos se ven beneficiadas por el cambio climático”, apunta el experto.
Así las cosas, el cambio climático está claro que les afecta –y a la mayoría de especies de forma muy negativa–, pero “la amenaza principal que tienen las mariposas es la acción humana directa sobre ellas: en la Región hemos experimentado el cambio de la vegetación nativa a espartales, plantas que se utilizaban antaño para cestería, ropa… han desaparecido por monocultivos, fumigaciones en masa… Esto tiene un efecto perjudicial. En las zonas más urbanas donde hay mariposas muchas veces se hacen desbroces o podas indiscriminadas, a veces en momentos con vegetación verde y flor con todos los polinizadores funcionando, y se les arrebata tanto la flor como la vida. Matamos ingentes cantidades de mariposas e insectos en general por malas prácticas “, lamenta. A ello se une que muchas poblaciones viven en descampados donde se edifica, y terminan desapareciendo. “La acción humana indiscriminada es realmente el factor principal del declive, y es más rápido”, advierte.
Otros actores son la contaminación directa, como el uso de pesticidas en toda la huerta –las especies fueron relegadas a zonas de montaña-. La ermitaña del Sur ha desaparecido de la Región –y de Guadalajara y Madrid- y únicamente resiste en Teruel, en Albarracín. Se ha extinguido porque su hábitat, un secarral con vegetación baja y espartales pero desprovisto de arbustos, “para nosotros nada interesante”, ha sucumbido bajo la presión del cultivo.
El lenguaje de las mariposas, grandes bioindicadores
Esto es importante. Es estado de los hábitats. La mariposa pánfila es también un bioindicador de cómo están las plantas. Tiene un ciclo muy concreto con una generación en primavera (los padres) y otra en verano (los hijos), que traerán los nietos al año siguiente. La generación de los ‘hijos’ come gramíneas, que en veranos cálidos pueden agostarse. Sin alimento, no puede cerrarse el ciclo en verano, y sin él, no habrá generación de primavera y la mariposa desaparece. Y esto se puede rastrear por todo el territorio español, de manera que un diminuto animal nos informa de cómo está impactando el cambio climático, de cómo aumenta la aridez y de las condiciones de estas plantas en todo el país. Esto es lo que el también profesor en la Universidad de Murcia llama ‘la lengua de las mariposas’, un lenguaje de la vida que podemos leer.
El lenguaje de las mariposas nos revela también cómo está el entorno: informan desde qué flora crece alrededor, ya que sus orugas comen plantas muy concretas, hasta de la calidad de estas plantas nutricias –si hay muchos insecticidas, no veremos esas especies o estarán en malas condiciones–. Nos hablan de la calidad del ambiente en función de qué especies hay. Será bueno, por ejemplo, si aparecen individuos que necesitan zonas prístinas. También es un dato cuántos ejemplares. “Y todo ello repercute en nuestra salud: como ellas, no queremos estar en zonas donde haya contaminantes”, compara el investigador.
Si las mariposas hablan de la salud de los ecosistemas, nos podemos preguntar cómo están de saludables los hábitats regionales en función de su distribución y cantidad. El lenguaje ‘mariposil’ de la Región nos dice que “tenemos un gradiente claro hacia la montaña. En las sierras podemos encontrar mejor salud, y hacia las zonas donde se despliega la actividad humana encontramos las peores condiciones”, traduce Gil Tapetado. Las peores son aquellas donde hay una agricultura intensiva con uso de químicos y pesticidas que afectan a diversas especies. En consonancia con lo expuesto arriba, “aquí encontramos el declive máximo”.
¿Qué nos falta por saber de ellas?
Las mariposas tienen buena fama. Son polinizadoras, son bellas y frágiles, y ofrecen servicios ecosistémicos. Gil Tapeteado reconoce que tiene mucha suerte de trabajar con un grupo faunístico muy querido que genera empatías, “y uno puede pensar que está todo estudiado”, pero echando la vista atrás recuerda que cuando abandonó el mundo de las avispas para adentrarse en el de las mariposas descubrió grandes lagunas. Se sabía qué especies habitaban esta Región, pero no el estado de sus poblaciones. “No se conocía apenas nada de su función como indicadores, no había un seguimiento en la zona árida de la Región, que es la mayor parte y la que más nos preocupa por el cambio climático. Sí había estudios en Sierra Espuña, pero es una zona de montaña donde esperamos que no vaya todo tan mal. Sin embargo, de las zonas más bajas apenas había información. Y aún queda mucho por hacer. Hay especies que desconocemos si siguen existiendo, no sabemos si tendremos que dar a algunas por desaparecidas… En definitiva, se sabe qué mariposas hay en la Región, pero no se sabe cuántas hay de cada especie”, resume.
El Grupo de Seguimiento de Mariposas del Campus de Espinardo, de cuyo trabajo parte esta exposición promovida por cuatro de sus miembros, y que lidera Gil Tapetado, trata de cubrir una de estas lagunas. Se enmarca en el departamento de Ecología e Hidrología de la Universidad de Murcia y en él participan 130 personas, entre alumnos de la UMU y voluntarios ajenos a la entidad educativa. A la vez, se engloba dentro de una red europea de estudio de mariposas, llamada Butterfly Monitoring Squeem –con la sucursal BMS España–, que facilita una red de apoyo para poder comparar sus muestreos con otros de todo el país y generar una red de vigilancia de calidades de hábitats y de intercambio de información. “Al final, la ciencia tiene que ser colaborativa”, explica.
El objetivo a largo plazo es cumplimentar un transecto en el Campus de Espinardo (ciudad de Murcia) –un recorrido que repiten semanalmente-, que en cosa de una hora y media atraviesa zonas de características variadas. El grupo es extraordinariamente activo. El informe de 2025 refleja que el transecto de Murcia fue el segundo más revisado -40 visitas semana tras semana- y ya llevan 78 semanas seguidas, en las que han contado 5.000 mariposas de 29 especies diferentes, “y subiendo, hasta que se acaben de estudiar las mariposas en Espinardo”, se satisface.
Otro muestreo tiene lugar en Cabo de Gata para contar la mariposa laberinto africano, que nunca antes se había contabilizado. De hecho, se consideraba rara “y nos hemos llevado una gran sorpresa: el año pasado, en un kilómetro hallaron 565 ejemplares, en un momento de explosión de la población. Este año, sin embargo, en el mismo sitio había 90, “que siguen siendo muchísimas”, aclara el experto.
El colectivo difunde sus avances en RRSS, publica artículos científicos, participa en ferias y fomenta actividades divulgativas, como esta exposición que, en este sentido, más allá de deleitar con imágenes bonitas, que también, es una vía para captar voluntarios. Los nuevos integrantes podrían sumarse a estos transectos o diseñar nuevos trazados, “solo tienen que venir con ganas participar, de aprender y de observar mariposas”. No hacen falta conocimientos previos, “si es que no pedimos más”, bromea el investigador. Y cuando ya aprecian que los noveles se desenvuelven bien, “les damos una red y dejamos que puedan capturar algún ejemplar”, con mucho cuidado, para mostrarlas y liberarlas después. Gil Tapetado subraya la importancia de esta acción: “la ciencia tiene que ser más abierta que antaño, más permeable, y permitir que todo el mundo pueda participar en nuestras labores, como lo permite la ciencia ciudadana, que creemos que es indispensable”.
Pero la exposición busca también apoyarse en la sensibilidad que la sociedad ya muestra hacia estos insectos para generar una empatía y, a través de ellas, proteger, conservar y divulgar el conocimiento científico y fortalecer el sentimiento de que hay que salvaguardar nuestra fauna. “Muchas veces se nos olvida nuestro patrimonio natural, advierte, pero estudiar y proteger estas especies tiene un beneficio directo para la ciudadanía”.
Y parece que esta divulgación fotográfica funciona. La muestra, que se clausura el próximo 9 de octubre, apunta a convertirse en itinerante, toda vez que ha despertado el interés de otros centros, y sus responsables aspiran a que, acaso imitando el vuelo de las mariposas, viaje en breve y a lo largo de las cuatro estaciones por toda la Región de Murcia.




IMÁGENES DE MARIPOSAS CON FIRMA DEL GRUPO: recaptura de las fotografías mostradas en la exposición.
Listado de imágenes:
- Foto 1: mariposa del madroño (Charaxes jasius).
- Foto 2: mariposa laberinto africano (Tarucus theophrastus).
- Foto 3: cardera (Vanessa cardui).
- Foto 4: visitantes de la exposición.
- Foto 5: mariposa pánfila (Coenonympha pamphilus). Fotografía de José Manuel Sesma.
- Foto 6: cardenillo (Tomares ballus), la mensajera del invierno.
- Foto 7: mariposa alcaparrera (Colotis evagore). Fotografía de Dann Barcelona.
- Foto 8: mariposa festón blanco (Hipparchia fidia).
- Foto 9: mariposa mariposa tigre (Danaus chrysippus) - detalle-.
- Foto 10: mariposa gris estriada (Leptotes pirithous) -detalle-.
- Ffoto 11: la muestra, en el recibidor de la Biblioteca Regional de Murcia, donde permanecerá hasta el día 9 de octubre.
