Este fin de semana es la fecha central del Censo Invernal de Aves Acuáticas, que tiene lugar en toda España
Los contadores de aves

Hay personas que cuentan leyendas, las hay que cuentan cuentos, y hay quienes cuentan aves. Este fin de semana, una tropa de cientos de voluntarios de toda España se asomará silenciosa a los humedales de su entorno, anotará rápidamente el número de aves que los ocupan, identificará a qué especies pertenecen y tomará de nuevo el coche para allegarse hasta la próxima laguna, charca o embalse a repetir la operación. El Censo Invernal de Aves Acuáticas, el primer gran censo ornitológico del año, busca conocer la evolución a largo plazo de las poblaciones de esta plural avifauna y, dado su carácter bioindicador, evaluar también el estado de conservación de los diferentes humedales censados, uno de los ecosistemas más vulnerables del planeta. Se trata de una inestimable aportación de ciencia ciudadana que se hace posible gracias a la colaboración de estos "contadores de aves".
"Los censos permiten detectar tendencias poblacionales, evaluar cambios en el grado de naturalidad de los humedales y conocer su importancia real para las aves acuáticas. Esta información es fundamental para gestores y Administraciones a la hora de priorizar actuaciones de conservación", explica el zoólogo Antonio Zamora López, uno de los tres coordinadores de la actividad junto a Ángel Sallent Sánchez y Gustavo Adolfo Ballesteros Pelegrín.
En la Región de Murcia, el censo suele abarcar alrededor de 70 humedales, desde la costa de Cope a estaciones depuradoras de agua, pasando por embalses como el de Argos o el del Cenajo, la marina del Carmolí, desembocaduras de ramblas, campos de golf, charcas de purines, playas, presas, el Mar Menor, el río Segura, balsas artificiales de regadío, las salinas de San Pedro del Pinatar o el azud de Ojós, y moviliza a más de 60 colaboradores. Como resultado, se contabilizan habitualmente más de 20.000 individuos superando las 70 especies de aves acuáticas que nos visitan con el frío. Correlimos, vuelvepiedras, chorlitejos, garzas y garcetas, martín pescador, pato cuchara, gallientas, avetoros, gaviotas, charrancitos, ruiseñor pechiazul y bastardo, pájaro moscón, águila pescadora y demás visitantes o residentes engrosan el detallado listado que, metódicamente y año tras año, cumplimentan los voluntarios.
Este año, la fecha central para desarrollar la actividad es el próximo fin de semana del 17 y 18 de enero. No obstante, se considera válido el periodo comprendido entre el 10 y 25 del primer mes del año. "La elección de la fecha concreta responde a la necesidad de coordinar los censos a escala regional, nacional e internacional. De este modo se evitan sesgos asociados al movimiento de aves entre humedales y posibles dobles conteos, siendo fundamental que el periodo de muestreo sea lo más reducido y sincronizado posible", explica Zamora.
Del mismo modo, no existe una hora estricta de inicio, aunque se recomienda realizarlos a primera hora de la mañana, cuando la actividad de las aves suele ser mayor. También se aconseja evitar días con condiciones meteorológicas desfavorables, que pueden reducir la detectabilidad de las aves.
Voluntarios de todas las edades
El perfil de los censadores con los que visitantes de nuestro entorno natural o antropizado podrán toparse estos días es muy diverso, participando personas desde edades tempranas acompañando a familiares, hasta voluntarios de más de 70 años. El rango de edad más habitual se sitúa entre los 30 y los 65 años, y cada vez se observa una mayor incorporación de jóvenes y mujeres.
Esta participación es completamente voluntaria y altruista. "Todas las personas implicadas realizan el censo movidas por el interés en el estudio y conocimiento de las aves acuáticas y por el compromiso con su conservación y la de los humedales que utilizan. La ilusión por las aves y la convicción de que cuantificarlas genera información esencial para su conservación motiva a continuar. Para muchos de nosotros, es una forma de devolver a la naturaleza todos los buenos momentos que nos regala en el día a día", comparte Zamora.
Lo bonito de esta actividad, ya de por sí atractiva, es que "el ambiente es magnífico, marcado por el compañerismo, la colaboración y el entusiasmo. A pesar de la escasez de financiación, los voluntarios aportan su tiempo, conocimiento y recursos propios con enorme compromiso, lo que hace que el censo sea también una experiencia humana muy gratificante". Además, no es imprescindible contar con experiencia previa. "Animamos a cualquier persona interesada a acompañar a censadores con más trayectoria para ir formándose progresivamente en el campo, adquiriendo la destreza necesaria para poder realizar censos de forma autónoma en el futuro", expresa el naturalista.
Los datos recabados tienen un enorme valor académico y científico. Pueden ser utilizados para el desarrollo de Trabajos Fin de Grado, Trabajos Fin de Máster y otros estudios científicos de ámbito local, nacional e incluso internacional. Además, los archiva la Asociación de Naturalistas del Sureste (ANSE), que coordina la actividad regional, y posteriormente se integran a escala nacional con SEO/BirdLife y a escala internacional con Wetlands International. De este modo, la información recogida en la Región de Murcia pasa a formar parte de una gran base de datos global, quedando disponible tanto para investigadores como para gestores y administraciones públicas, así como para la sociedad en general", ahonda Zamora, que es graduado en Ciencias Ambientales.
A ello se suma que, además del recuento de aves, se registran diversas variables ambientales como el tipo de humedal (salino o dulce), la presencia y estructura de la vegetación de orilla, cobertura de la vegetación sumergida, la calidad del agua (transparencia, color y olor) o el estado general del enclave, con, a ser posible, fotografía incluida, lo que permite contextualizar mejor los resultados obtenidos. Datos fundamentales para la salvaguarda de la avifauna migradora, no en vano España es un importante lugar para el paso e invernada de las aves acuáticas del Paleártico occidental.
En nuestro territorio, "destacan especialmente las Salinas de San Pedro del Pinatar, las Encañizadas y otros humedales del entorno del Mar Menor, como la Marina del Carmolí o la propia laguna. También son muy relevantes algunos embalses y determinadas lagunas asociadas a estaciones depuradoras o incluso campos de golf, que en ocasiones ofrecen el refugio y tranquilidad a las aves que no encuentran en zonas con mayor presión turística o de la actividad humana", detalla el también investigador de la Universidad de Murcia.
Entre las especies más abundantes en nuestra invernada, sobresalen el cormorán grande, la gaviota reidora o la gaviota patiamarilla, además del ánade azulón o la focha común, "todas ellas muy representativas de nuestros humedales". Y, en particular, Zamora subraya "las elevadas concentraciones de malvasía cabeciblanca en algunos humedales, así como la presencia puntual de especies muy amenazadas como el porrón pardo o la serreta mediana, con un elevado interés de conservación a escala internacional". Cuando es posible, además, los voluntarios indican sexo del ejemplar y diferencian entre adulto e inmaduro.
Lluvias que reavivan humedales
De cara a esta edición, Zamora avanza que "las lluvias registradas en los últimos meses podrían haber incrementado la lámina de agua en humedales temporales o en estado de abandonado, favoreciendo la aparición de acuáticas. Incluso enclaves abandonados y sin agua ni aves acuáticas durante los últimos años, como las lagunas de la antigua EDAR de El Algar, podría registrar la presencia de algunas especies".
En todo caso, advierte, "los humedales del sureste ibérico se encuentran por lo general especialmente amenazados por la sobreexplotación de los recursos hídricos. Por otro lado, el abandono de usos tradicionales, como las explotaciones salineras, lleva consigo la pérdida de humedales que en su día llegaron a tener elevada importancia desde el punto de vista ecológico. En muchos casos, la protección y gestión actual (inactiva en la mayoría de ocasiones) resulta insuficiente para mantener o recuperar el valor ecológico de estos enclaves".
Por suerte, "a pesar del grave estado de conservación de muchos humedales, especialmente en las regiones áridas y semiáridas por la sobreexplotación de acuíferos y la alteración de su funcionamiento natural, los datos a largo plazo muestran una evolución algo más positiva para las aves acuáticas costeras", contrapone el científico. En este sentido, un reciente estudio publicado en Global Change Biology, en el que se contemplaron los datos de acuáticas invernantes del Mar Menor, revela que las poblaciones de aves en la costa mediterránea española aumentaron entre 1970 y 2000, coincidiendo con la creación de espacios protegidos y mejores medidas de conservación, y se han mantenido relativamente estables desde entonces. "Esto demuestra que la protección de los humedales funciona, aunque sigue siendo imprescindible reforzar su conservación para garantizar el futuro de estas especies".
Más de medio siglo de censo
El Censo Invernal de Aves Acuáticas de la Región de Murcia se realizó por primera vez en 1972. Desde entonces se ha mantenido de forma casi ininterrumpida hasta 2026, con únicamente siete años de vacío en toda la serie temporal. Para Zamora, esta continuidad le confiere un valor excepcional para analizar la dinámica temporal de las poblaciones de aves acuáticas invernantes a largo plazo.
Con el fin de garantizar la comparabilidad de los resultados, la metodología se ha mantenido esencialmente intacta desde el inicio del censo. Lo que sí ha cambiado es el número de humedales incluidos, que se ha ido ampliando progresivamente hasta situarse en torno a los 70 en la actualidad.
Al tratarse de un censo altruista, "no existe obligación de permanencia mínima. No obstante, la buena voluntad y el compromiso de los colaboradores hacen que, en la práctica, muchos censadores repitan los mismos humedales año tras año, lo que mejora la calidad y consistencia de los datos", aclara Zamora.
Aunque el censo cuenta con una larga trayectoria, Zamora, Sallent -licenciado en Biología- y Ballesteros -doctor en Geografía- asumieron la coordinación en 2019. La colaboración, además, en otros programas de seguimiento de aves paseriformes, nocturnas, acuáticas o marinas "nos permite tener una visión más amplia del estado de la avifauna regional". Antes realizaron esta función otros ornitólogos de referencia en la Región de Murcia, "cuyo trabajo, siempre marcado por una enorme ilusión y esfuerzo personal, ha sido clave para que el censo haya llegado hasta nuestros días", reconoce el técnico.
De cara al futuro, la idea es que este profuso inventario se prolongue de forma indefinida. "Solo mediante series largas de datos es posible conocer tendencias reales y fijar objetivos de conservación adecuados. La incorporación de gente joven que estamos observando nos hace ser muy optimistas respecto al futuro del censo. Esperamos no ver el final…", desea Antonio Zamora, uno de los coordinadores de este ya dilatado Censo Invernal de Aves Acuáticas.


IMÁGENES:
- Foto 1 (Arriba): un cormorán grande se seca las alas sobre una boya, en una charca agrícola.
- Foto 2: Un zampullín de espaldas y una gallineta común comparten lámina de agua.
- Foto 3: Agachadiza. Foto: Antonio Zamora.
- Foto 4: La laguna de las Moreras, uno de los humedales estudiados en el censo. Foto: Nerea Martínez Arnal.
- Foto 5: Un precioso calamón se asoma entre el carrizo.
- Foto 6: Combatiente. Foto: Antonio Zamora.
- Foto 7: Gaviota picofina. Foto: Antonio Zamora.
- Foto 8: Grupo de distintas ardeidas en las Encañizadas. Foto: Antonio Zamora.
- Foto 9: Una vista de las Encañizadas. Foto: Antonio Zamora.
- Foto 10: Varias parejas de ánade común y tres ánsares domésticos se pasean por una gran balsa en los alrededores de la ciudad de Murcia.
