Inclusión, naturalmente

Nos interesamos por cómo viven el ocio en la naturaleza las personas con necesidades especiales

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En los dos años largos de vida de elclickverde, decenas de propuestas han pasado por nuestra agenda de actividades en la naturaleza. Son citas de senderismo, descensos de río, submarinismo, observación de aves, anillamientos, cursos, charlas y otras de variado tipo. En muchas de ellas se añaden requisitos, recomendaciones, orientaciones sobre qué hacer o qué no hacer, o se apunta, con acierto, la edad indicada de los participantes; pero nunca hemos recibido una actividad con la notación de 'adaptada'. Adaptada para la participación de las personas con necesidades especiales que, efectivamente, presentan otros requerimientos para poder disfrutar de estas salidas. Nuestro icono para identificar esta circunstancia, al estilo del delfín en los avistamientos de cetáceos o la cara sonriente para las actividades con niños, ha estado arrinconado en los archivos virtuales, y nos hemos planteado por qué ocurre esto y qué visión tienen el movimiento asociativo y entidades implicadas sobre el ejercicio de este tipo de ocio.

 

Normalizar el trato con los usuarios con necesidades especiales es la reclamación más demandada.

Y, con cierto asombro, algo que ya creíamos superado se ha erigido como una de las reclamaciones más demandadas: la necesidad de normalizar el trato con sus usuarios. No se olvidan de otras medidas físicas, como mejoras de senderos o instalaciones; pero una comunicación adecuada, con el interés que se le supone a una entidad que ha formado a sus monitores en este ámbito, les resulta, en general, fundamental. Y a ello se añade la visión de que el futuro del ocio en general, para estos usuarios, pasa por el ocio inclusivo: aquél al que puedan sumarse como un participante más a una actividad ya diseñada. Esto es, se apuesta por la 'inclusión, naturalmente'.

“El ocio lo necesita todo el mundo, y para que sea normalizado, estas personas tienen que poder acceder a cualquier tipo de ocio”, reclama José Antonio Fernández García, coordinador de Auxilia Murcia, la Asociación de Voluntarios para la Integración Cultural y Social de Personas con Discapacidad, que reúne a usuarios con problemas físicos del tipo de espina bífida, parálisis cerebral o distrofia muscular. Y la adaptación de actividades de ocio en la naturaleza se va abriendo camino poco a poco de la mano de las propias asociaciones y también de entidades públicas y privadas.

Pero si ya otros escenarios están llenos de obstáculos, el entorno natural los presenta aún más notoriamente. “La accesibilidad física en la naturaleza es nula”, afirma rotunda al respecto Maite López, técnico del Área de Atención Especializada de la Federación de Organizaciones en favor de Personas con Discapacidad Intelectual y Parálisis Cerebral de la Región de Murcia (Feaps Región de Murcia). No se refiere a que no exista ningún caso, sino a que son anecdóticos en relación a los avances en otros entornos. De cara a los usuarios con problemas físicos, Fernández García, de Auxilia, destaca que “las necesidades las va marcando la situación de dependencia de cada persona, pero hablamos de poder hacer por ejemplo un recorrido sencillo a pie o sobre ruedas… Hay muchas zonas no accesibles simplemente porque no se han pensado bien. No se ha mejorado una rampa que ya existe, no se ha ensanchado un sendero lo suficiente o hay que adecentarlo sólo un poco más... ”.

 

"Creo que realmente no hay actividad que no puedan hacer" y "todo se puede adaptar", defienden las asociaciones.

Y es que los consultados están todos de acuerdo: “Creo que realmente no hay actividad que no puedan hacer”, defiende Lidia Marta Baños, Animadora Sociocultural de la ONCE; o expresado con otro matiz por Fernández García, de Auxilia: “creo firmemente que todo se puede adaptar, todo se puede hacer accesible, y si se quiere hay muchas medidas a adoptar fáciles e incluso sin hablar de grandes costes económicos; es cuestión de intenciones”. Y Carlos García, técnico colaborador del Centro Medioambiental de Torre Guil (CEMA), en Sangonera La Verde (Murcia), da una visión desde el otro lado del debate. “Realmente, existe muy poco hecho en la Región. Pero hay que ser realistas, ni siquiera ellos mismos pretenden alcanzar un cien por cien de adecuación”, apunta.

García, que es también socio director de la consultoría 3BG, Estrategia y Desarrollo Sostenible, S.L., conoce al menos dos lugares adaptados en la Región. “Hay un itinerario en Sierra Espuña, arreglado por la Consejería por el que pueden pasar sillas de ruedas; y en San Pedro del Pinatar, por el lateral de las Encañizadas hay un tramo horizontal y hasta un pequeño hide -observatorio de aves camuflado- ambos también aptos para sillas de ruedas”, recuerda. También apunta al paraje de La Contraparada, “que ahora está más accesible y se puede hacer observación de aves, por ejemplo”, dice. En el CEMA murciano también ha recibido a usuarios de diversos colectivos: “cuando nos solicitan actividades, lo primero es quedar antes con los técnicos para ver las instalaciones, que están adaptadas, aprobar el sendero y conocernos previamente. Y cuando eres tú quien les planteas una actividad como ir al monte, algunos se asustan un poco, o son más perezosos, pero es cuestión de ir a la asociación a explicarlo. Al final, son los monitores quienes conocen los límites de su grupo”.

A García se le han grabado algunos episodios en la memoria, como una persona con falta de movilidad que no podía acceder a un lugar de observación de aves, pero que insistía en que lo llevaran al sitio y lo depositaran en el suelo, "que él ya se arreglaría". O el de algunas asociaciones “con falta de implicación”, y otras sin recursos económicos para abordar estas actividades, “por ejemplo, porque no disponen ese día del autobús de la Comunidad Autónoma para el traslado y no pueden alquilar otro”.

Y gracias a su larga experiencia enumera una serie de mejoras que le brotan apresuradas como queriendo salir por su boca desde hace tiempo: son los coches eléctricos para ir por senderos forestales, que no contaminan ni hacen ruido; son todoterrenos adaptados donde cabe una silla de ruedas; son bicicletas tipo tándem donde una persona sin discapacidad lleva monte arriba a un pasajero con poca movilidad; es atreverse a impartir práctica a los propios usuarios, como hace un conocido profesional que entrena a personas con discapacidad en carreras de orientación; son charlas de formación a los técnicos de las asociaciones; o es, incluso, aprovechar el potencial de un jardín de ciudad: “Los jardines son recursos de interpretación brutales de la naturaleza. A Murcia ciudad aún no ha llegado esta idea, pero seguramente más de una empresa podría llevarla a cabo”, deja caer. Para García, algunas medidas suponen una inversión económica importante, pero otras no. “Es cuestión de seguir insistiendo, esto es una carrera de larga distancia”, sostiene.

 

Ocio inclusivo

A esa larga distancia, o quizá no tanto, es a la que se asoma un futuro que parece pasar por el ocio inclusivo, aquél en el que una actividad ofertada es lo suficientemente flexible como para acoger a personas con necesidades especiales. Al respecto, Carlos García recuerda que cuando un grupo de personas con discapacidad llega al CEMA, avisan de sus necesidades. Es necesario "no solo para preparar la actividad, sino para que todos los participantes estén informados. Luego, la aceptación dependerá de cada persona; habrá gente a quien le dé igual mientras que a otros, creo que por desconocimiento, les costaría participar o dirían que no". Y, al hilo, sostiene: "creo que la inclusión es una buena forma de captar voluntarios para las asociaciones. En todo caso, claro que se pueden plantear actividades en la naturaleza conjuntas de personas con y sin discapacidad, y sería bueno para todos". 

Eso sí, aclara López, de Feaps, “al ocio inclusivo va a llegar un número de usuarios, y no todos, porque no tienen los requisitos necesarios para ello". Para eso hay otros tipos de ocio, como el específico (ofertado por entidades relacionadas con la discapacidad, dirigido a grupos de exclusivamente personas con discapacidad, en un escenario segregado), mixto (ofertado por diversas organizaciones, a un grupo de personas con o sin discapacidad), o el que se realiza con mediación (ofertado por entidades relacionadas con la discapacidad, que impulsa una participación individual de personas con discapacidad), que han de coexistir. "Pero, lo importante, es que este ocio sea siempre placentero".

Pero aún queda mucho por hacer porque, añade, “está claro que en un entorno más accesible la discapacidad es menor”. Una persona con una misma discapacidad es más autónoma cuanto más adaptado está su medio; y será menos autónoma cuantos más obstáculos encuentre. Y, por ello, tendrá un mayor o menor grado de dependencia según ese entorno. Así visto, lo que marca la discapacidad es la relación de la persona con el entorno: “yo seré una persona más autónoma en un entorno accesible y con personal de apoyo que en uno que no lo tenga, y en ambas situaciones soy la misma persona”, explica. Y, en su opinión, “la mayoría de las cosas que hacen falta no cuestan mucho dinero, es más bien cuestión del trato, de la actitud y del ingenio”.

En todo caso, con esta incursión a una situación que nos despierta el interés, desde elclickverde aspiramos a ser un ventanuco, una mirilla por donde contemplar con suficiente antelación una realidad que se va acercando, y a estar en disposición de componer una solución óptima para cuando la legítima reclamación de acceder al ocio en la naturaleza por parte de las personas con necesidades especiales sea una postura mayoritaria, comprendida y compartida por el resto de la sociedad.   

Mónica Rubio. Periodista y Bióloga.

Feaps Región de Murcia - Federación de organizaciones a favor de personas con discapacidad intelectual y/o del desarrollo y sus familias

"Un trato más adecuado y actividades más flexibles"

Las asociaciones miembros de Feaps Región de Murcia organizan actividades específicas de distintos tipos de ocio, pero consideran que el futuro pasa por el ocio inclusivo, aquél en el que en cualquier actividad se puede incluir a personas con discapacidad sin ningún problema. Y este ocio es el que ya están fomentando, porque “es más sencillo que vaya uno de nuestros usuarios a una clase normal de natación, por ejemplo, que construirle una piscina”, constata Maite López, técnico del Área de Atención Especializada. Y para 2014, avanza que le interesaría potenciar algo de montañismo o rocódromo... "Creo que les 'chiflaría'. Nos gusta un acercamiento a la naturaleza no como algo pasivo. Por ejemplo, les encanta la tirolina y los caballos...”.

Desde Feaps también explican que, por sus características, sus usuarios tienen un curriculum social muy escaso y, en muchas ocasiones, asociado a una breve imaginación y gran inflexibilidad en el pensamiento. De este modo, “quien no ha ido nunca al monte no te lo va a demandar”, explica López. Por ello, “hay que ampliar su curriculum y lograr que tengan vivencias nuevas”, de manera que al final sean ellos mismos quienes escojan la actividad. Porque, al final, cuenta López, “más que la actividad en sí, lo que les gusta es estar con los compañeros, con quién compartes la actividad y cómo pasas el día”. 

El problema, dice López, “es que la sociedad no está aún acostumbrada”. Por eso defiende que “hace falta más gente de apoyo que fomente la verdadera inclusión”. Los usuarios de Feaps ya han practicado descenso de río o escalada, “y el mayor obstáculo para nosotros no es tanto la actividad en sí como la falta de preparación hacia nuestros participantes por parte de los profesionales de la empresa que oferta la actividad. Cuando llamas, te dicen '¡uy!'. No pueden negarse porque existe una normativa por la que no pueden discriminar a nadie por razones de discapacidad, pero alegan cosas como 'no estamos adaptados, no tengo profesionales formados para esto, ¿y si se ponen nerviosos?', o si es una actividad acuática nos preguntan si saben nadar; y sobre todo es más problemático cuando nuestros usuarios son más jóvenes...”, recuerda. Así, por ejemplo, les ocurre a menudo que, “si en un campamento hay un monitor por cada 20 plazas, será muy difícil que puedan participar personas con necesidades especiales; o las familias han de aceptar las condiciones sabiendo que no son las que necesitan”, reflexiona. En esta misma línea, pero con un matiz distinto, describe que a veces sufren de cierto trato sobreprotector. Así, han solicitado sesiones deportivas de una escuela acuática "porque queríamos competir, y lo que les dieron es ocio; es un problema de trato, los infantilizan mucho”, se queja. “Queremos que sean adultos, que tengan responsabilidad; que los traten como adultos y que nos apoyen en lo que necesitemos”, solicita.

Por las experiencias vividas desde Feaps, López defiende como una de las soluciones principales que la formación de Monitor de Ocio y Tiempo Libre contemple de forma transversal el trato hacia las personas con necesidades especiales. También aboga por impulsar el interés dentro de las propias entidades convocantes en la formación de sus trabajadores en este sentido. “Creo que hay que normalizar más el trato hacia las personas con discapacidad intelectual. Quizá basta con usar un lenguaje más sencillo pero tratándoles como adultos, y sin miedo a que te pase nada”.

Consciente, como es, del problema de la accesibilidad en la naturaleza, López apunta que en la Región no hay prácticamente nada al respecto, pero sí conoce ejemplos en Andalucía, donde existe un proyecto de la Junta andaluza gracias al cual las personas con discapacidad pueden realizar actividades en varias sierras de la Comunidad vecina por el precio simbólico de un euro al día. Se llama 'Naturaleza para todos' y está abierto a personas con y sin discapacidad, y con ellos han accedido a la Sierra de Baza hasta por cuatro rutas distintas. Tienen sendas acondicionas con tablillas “o talleres de observación de fauna que no son infantiles, sino adaptados cognitivamente, lo que está muy bien y sé que tienen demanda”, alaba la técnica, quien concluye: “es cuestión de mirar al lado y decir, ¿por qué no?”. Además, incide, “desde el movimiento asociativo de Feaps se podría impartir esta adaptación cognitiva”.  Ya tienen experiencia en este campo, con clases sobre todo en el ámbito de la Salud. 

Desde su punto de vista, para lograr una verdadera inclusión sería importante que los profesionales pudieran ofrecer un trato más adecuado a estos participantes y que las actividades fueran más flexibles, -de igual manera que si quienes se apuntaran fueran personas mayores, que también tienen otras necesidades-, para que los usuarios de Feaps puedan ser uno más en el grupo. Y se detiene, puntualmente, en el diseño de las instalaciones que, dice, en muchos casos carecen de una verdadera adaptación: números de las habitaciones excesivamente pequeños; necesidad de unificar iconos de los aseos (algunos de sus usuarios ha tenido problemas para identificar cuál era el suyo); excesiva cartelería por las paredes, que no aporta claridad; papeleras con pedal en un lavabo adaptado para personas en sillas de ruedas que, evidentemente, no pueden presionar el pedal; lavabos demasiado altos teniendo en cuenta que algunas personas con Síndrome Down son de baja estatura; o cuando están abajo, son las toallas las que están apiladas en los estantes de arriba del todo; un mostrador de recepción más alto que una silla de ruedas... una serie de inconvenientes que muchos creíamos ya superados pero que todavía están ahí. Y, muchas veces, “la buena experiencia, al final, depende en un 90 por ciento del personal: de que la señora de la limpieza no te mire con mala cara cuando pides otra toalla, de que el camarero te lea el menú dirigiéndose a ti y no al monitor, de que en recepción te expliquen con detenimiento cómo usar la llave de la luz que, al ser una tarjeta, te confunde”, recuerda casos reales la técnico del área de Atención Especializada de Feaps. “Y todo esto no cuesta mucho dinero y son adecuaciones de sentido común”, lamenta. 

También hace un llamamiento a la publicidad que reciben. “En Feaps, las asociaciones miembros ofertan las actividades a nuestros usuarios, pero son ellos los que eligen. Por eso, nos gustaría recibir una publicidad más adaptada a ellos, con más fotos, grandes y un lenguaje adaptado. Algunos usuarios incluso deciden y van por su cuenta, y recibir un folleto más claro les ayudaría mucho”, alienta. 

Por otro lado, entienden que una actividad adaptada sea más cara que una convencional. “Tenemos un sobrecoste por el apoyo, que estamos dispuestos a pagar, pero siempre que se siga tratando de un precio normal”, advierte.

En cualquier caso, reconoce que “hay muchísimo por hacer”, pero tienen claro que se apuntan al ocio inclusivo, con grupos más pequeños, de tres a cinco participantes -“un grupo de 30 personas es muy difícil de manejar”, dice-. “Nos sentimos más atraídos por actividades donde participen más personas distintas a nuestros usuarios, con y sin discapacidad, que a recibir una entidad que nos organice a nosotros en grupo; eso ya lo organizan nuestras asociaciones”, expone. Por contra, “la tendencia es poder participar en lo ya propuesto, pero donde se contemple la discapacidad como una transversalidad, como algo que te puede pasar”, avanza. “Para que una entidad te pueda ofrecer una actividad así, ha de ser gente interesada en la discapacidad, que lean sobre nuestras necesidades, nuestra página, que nos pregunten y se interesen. Curiosamente, ahora  hemos comprobado que hay empresas que nos han visto como un foco de negocio pero que consideramos que realmente no tienen interés en fomentar la inclusión, su interés principal es económico, y eso lo notamos. Buscamos empresas que puedan adaptar las actividades acorde a las capacidades y a la edad de nuestros usuarios; no que nos ofrezcan una granja-escuela para nuestros adultos, por ejemplo, porque eso es una actividad dirigida a niños, ni que nos ofrezcan musicoterapia o similares como ocio, porque eso es terapia, y no es lo mismo”, explica. 

 


Fesormu - Federación de Personas Sordas de la Región de Murcia

"Donde vayan, necesitan un intérprete"

En Fesormu también interesan las actividades en la naturaleza. Comenzaron el año pasado, con una cita de senderismo, pero acudió poca gente. También se propuso un descenso de río, pero no hubo inscritos, quizá, dicen, por el coste económico, ya que implicaba quedarse una noche a dormir “y, sobre todo los jóvenes, no tienen tanto dinero”, apunta Mar Gómez, agente de Desarrollo de la Comunidad Sorda (adecosor). Este año han buscado una actividad gratuita para recorrer un sendero y, esta vez sí, ha habido bastante gente. Más personas de mediana edad que jóvenes, últimamente más atraídos por las nuevas tecnologías, dice Gómez. 

Para Fesormu, la gran necesidad de las personas sordas es poder disponer de un intérprete; y es una necesidad común del entorno urbano y del natural: “vayan donde vayan, necesitan un intérprete, por eso, planificamos la actividad con antelación y lo llevamos con nosotros”, detalla Gómez. Entiende que la aspiración de que siempre haya un intérprete no es real al cien por cien, pero le gustaría que le llamaran pidiendo cursos de formación desde más entidades. De todas formas, algo sí han trabajado en este aspecto en la Administración y en La Arrixaca, impartiendo formación de la lengua de signos española, e incluso valora poder impartirla a las entidades de ocio a cambio de algún servicio. Porque lo importante “es que los profesionales sepan cómo contactar con los usuarios, que tengan un mínimo de información de cómo acercarse; no es profundizar, ya que eso sería propio del intérprete”, puntualiza Francisco J. Pérez Ruíz, presidente de Fesormu. Al respecto, cree que con unas clases de 30 a 60 horas sería suficiente. “Se podría diseñar un curso específico sobre naturaleza”, añade Gómez, “y con dos horas al día, durante cinco días se puede aprender lo básico, como las presentaciones y contar alguna cosa más”, anima.

 


ONCE - Organización Nacional de Ciegos Españoles

"Más capacitación en el trato con nuestros usuarios"

La naturaleza es un territorio de ocio para los afiliados más jóvenes de la ONCE en Murcia, “a los mayores les gustan más las cosas culturales”, detalla la animadora sociocultural Lidia Marta Baños. Para todos ellos, indica, con estas actividades se busca tanto su entretenimiento como aumentar sus relaciones con gente con su misma discapacidad, parecida o sin discapacidad.

La realidad de los usuarios de la ONCE es que para llevar a cabo estas actividades precisan más monitores para el mismo número de participantes. “Por ejemplo si una actividad está diseñada con un monitor por cada 20 personas, nosotros igual necesitamos cuatro..., sobre todo en los casos de los ciegos totales, pero sí se puede hacer”, apunta Baños, quien señala que “quizá, también precisemos de más tiempo para la actividad”.

En la ONCE diseñan ya actividades de ocio en la naturaleza, pero también recurren a otras entidades que las convocan. Cuando las diseñan ellos, los técnicos buscan una ruta sencilla, la inspeccionan previamente y actúan de guías. “En cosas más 'cañeras' contactamos una empresa con sus guías. Hemos hecho rafting en el río con un grupo de bastante movilidad y algún paseo a caballo, pero sobre todo senderismo sencillo de todas las edades”, enumera la animadora sociocultural. Por norma general, un grupo de la ONCE suele llenar una actividad, pero si no son muchos puede sumarse a una actividad convocada, y en cada caso se valora si se prefiere una u otra modalidad según las circunstancias.
 
Cuando algún técnico de la ONCE llama a estas empresas, “vemos que las actividades en principio no están destinadas a estas personas con discapacidad, pero no nos ponen muchos problemas” y, de hecho, Baños dice encontrar algo que hacer prácticamente todos los meses. El problema suele derivarse de que las empresas que proponen las actividades “no se comprometen, no se responsabilizan de este tipo de usuarios; no tienen gente preparada, ni están acostumbrados ni saben cómo tratarlos. Por eso, nosotros les damos indicaciones y llevamos nuestros monitores”, relata.

Así, desde la ONCE apuntan que se podría pedir más capacitación a los monitores de las empresas de ocio en la naturaleza en el trato con estos usuarios; y a Baños se le ocurre, al hilo de la conversación, que la propia ONCE podría poner sus técnicos a disposición de la formación a estos monitores. De hecho, anima “a cualquier persona a que venga y nos pregunte; nuestros técnicos le pueden enseñar”. Y, deja caer: “si luego aparece una empresa de actividades en la naturaleza cuyos monitores han pasado un curso sobre cómo tratar a la personas con discapacidad, nos va a llamar la atención más que otra que no lo tenga”.

 

Auxilia - Asoc. de Voluntarios para la Integración Cultural y Social de Personas con Discapacidad (física)

"Más formación en discapacidad"

Creo que las actividades medioambientales tienen cada vez mayor calado social, y todos los colectivos sociales quieren acceder a ellas de forma libre”, reflexiona José Antonio Fernández García, coordinador de Auxilia Murcia; y añade: “todo el mundo busca su ocio y quiere hacerlo de forma libre autónoma e independiente”. Y, en este ámbito, “la naturaleza, en su mayor sentido, es libertad, es ejercicio, es salud y es la conexión con lo que nos rodea. Creo que para la discapacidad supone un claro conjunto de actividades que pueden ir encaminadas a un fin de superación, con actividades terapéuticas y sociabilización”, defiende.

Fernández asegura que “en el mundo de la discapacidad física, el mayor problema es la accesibilidad. En el ámbito urbanístico sí se han superado muchas trabas, pero en el natural, evidentemente aún queda mucho por hacer, las actividades en la naturaleza en muchos lugares aún no están planteadas para que este colectivo las pueda realizar, por lo que pueden acceder a muy pocos lugares”, lamenta. 

Por ello, apunta, “en el medio natural hemos realizado pocas actividades, aunque sí que estamos empezando a iniciar actividades deportivas o acuáticas y visitas culturales en sierras, aunque con poco trayecto; pero estamos viendo desde hace un tiempo iniciativas que nos van a ir abriendo campos de actuación”, subraya. Y para 2014, por ejemplo, les apetece practicar rutas de senderismo por Sierra Espuña de la mano de Adaptaocio (con quien elclickverde ha intentado comunicarse, sin resultado).  

Fernández recuerda que “normalmente, las actividades para grupos juveniles en el entorno natural de categoría pública no suelen contemplar plazas para personas con discapacidad, porque incluso se ha dado el caso de no tener monitores cualificados para poder ayudarlos, o ni siquiera las actividades estaban adaptadas, cosa que no se entiende si son actividades abiertas al público en general, porque desde las ONG y demás colectivos se trabaja en solventar estas situaciones y en dar opción a que estos colectivos tengan acceso a un ocio normalizado como hacemos desde hace más de medio siglo en Auxilia”, clama. Y resume: “Ocurre que, en general, las entidades convocantes no suelen ofertar las plazas porque dicen que no pueden dedicarle un monitor a un niño concreto, a vestirlo, a ducharlo... y así, en la práctica, en la mayoría de los casos no se puede practicar la actividad”.

Los usuarios con problemas físicos de Auxilia (perteneciente a la Federación de Asociaciones Murcianas de Personas con Discapacidad Física y/u Orgánica -Famdif-) tienen, evidentemente, necesidades relacionadas con su falta de movilidad, pero desde la entidad lo que más reclaman es formación de los monitores. “Quizá no les haga falta saber muchísimo de la discapacidad, pero sí un poco de preparación”.

Por último, para el coordinador de Auxilia, la bondad de mezclar usuarios con y sin discapacidad depende de cada situación. “Me gusta que vengan los usuarios de Auxilia y estén juntos, pero también me gusta que vengan los voluntarios sin discapacidad para ser un amigo más y también ser acompañantes que favorecen la normalización”, valora.

 

 


 

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Desde la Psicología

La visión de una psicóloga

“El ocio no ha estado considerado en mucho tiempo en la atención a las personas con discapacidad, como tampoco lo ha estado en la población en general”, apunta Pilar Mendieta, psicóloga del Colegio Oficial de Psicólogos (COP) de Murcia y especializada en Dependencia y Discapacidad, quien defiende que “si las condiciones personales y de accesibilidad lo permiten, y la persona así lo prefiere, sin lugar a duda el ocio en la naturaleza favorecería la inclusión, siempre teniendo en cuenta que sea una actividad elegida por la persona, y no impuesta; pues si fuera así, perdería su condición de ocio”.

Mendieta añade que, centrados en actividades en la naturaleza “la accesibilidad es una dificultad para discapacidades motoras, sensoriales (visuales) e incluso en muchas personas con discapacidad intelectual, ya que la torpeza motriz es una dificultad asociada”. A ello suma las limitaciones significativas a la hora de adaptar la naturaleza y el hecho de que los profesionales y voluntarios son indispensables para poder desarrollar el ocio en comunidad.

Si bien lo habitual no es que se creen organizaciones específicamente dirigidas al ocio de personas con discapacidad, alguna hay, dice Mendieta, entre las que enumera la Asociación ANDE-Leyva (nacional y regional), SOI (en Cartagena) o Nuevo Horizonte, enfocadas hacia un ocio de tipo más urbano. Lo más frecuente, dice, es la existencia de Servicio de Ocio en las entidades que trabajan con personas con discapacidad. Y también sabe de alguna entidad de ocio que acoge a personas con algún tipo de discapacidad, “lo que constituiría el verdadero ocio inclusivo; como  asociaciones Scouts, aunque limitadas a discapacidades no físicas e intelectual de tipo leve”, apunta. Pero..., ¿sería posible alcanzar un ocio en la naturaleza más inclusivo? “Dificultades hay, no vamos a negar lo evidente; pero los profesionales que trabajamos en el sector hemos podido ver cómo se han realizado cosas que, a priori, podrían ser impensables, imposibles; por ello me atrevería a decir que las limitaciones las pongan las propias personas con discapacidad y no nosotros. En ocasiones somos nosotros (familias, profesionales, población en general) los que no somos capaces de crear o poner los apoyos necesarios para lograr, o al menos intentar, una idea, un deseo”.

En este caso, la acogida de la persona con discapacidad en cualquier actividad por parte de las personas que se denominan sin discapacidad es también importante: “yo creo que todos tenemos capacidades y discapacidades para algo”, matiza primero, para adelantar que, en su opinión, no supondría un problema, aunque sí una barrera inicial, ya que “en la población existe un gran desconocimiento hacia la discapacidad, que es el motivo de no saber comportarnos o situarnos ante la persona con discapacidad. Cuando nos familiarizamos con cualquier persona (o incluso cosa, instrumento, trabajo….) que desconocemos, ya no supone un problema nuestra actuación”. 

Al respecto, Ana Barasoain, trabajadora social, considera que esta situación sería beneficiosa tanto para personas con como sin discapacidad “ya que fomentaría la integración entre ambos y una forma distinta de poder aprender cosas nuevas. Creo que sí podría ser posible, aunque un poco difícil porque considero que la gran mayoría de las personas son reacias a las personas con discapacidad, así que la acogida sería escasa. Pienso que todavía hay que concienciar más a la gente sobre la discapacidad”, sopesa.