El castor, que trasmocha la arboleda pero no la mata


Una hembra de castor se pasea por una playa de piedras en Navarra. Cortesía de Daniel García Mina, en la web https://avistadepajaros.wordpress.com/.

El castor europeo ha irrumpido en la península Ibérica envuelto en controversia y acarreando su secular mala fama de devastador de árboles. Sin embargo, no parece el roedor tan fiero como lo pintan. Reintroducido irregularmente en Navarra en 2003, «cuando teníamos que extraerlo del medio, porque era la obligación legal, ya expusimos que no era especialmente dañino; y ahora, 17 años después, hemos visto que el daño que produce es escaso», defiende Jokin Larumbe, biólogo del Servicio de Biodiversidad del Gobierno de Navarra y primer responsable en enfrentarse a este mamífero en España. Larumbe sostiene que antes que morir, el árbol mordido por un castor tiende a rebrotar desde la base, «por lo que funciona como si fuera un trasmocheo». De una idea similar es Benjamín Sanz Navarro, rastreador especialista en mamíferos y autor del artículo 'El castor europeo en el municipio de Zaragoza' publicado a finales del año pasado en la revista Galemys. Sanz señala que el castor «en realidad, no mata árboles», y que incide principalmente en sauces, chopos y álamos, especies «que en el momento en que tú las cortas, vuelven a crecer de su cepa». Y a ellos se une también el naturalista Daniel García Mina, autor del blog A vista de Pájaros y quien ha seguido al animal por Pamplona. Con muchas esperas y tengo muchas observaciones realizadas, cree que es «muy interesante insistir en esta idea», si bien advierte de que «sí que chopos muy viejos puede que no rebroten».

Larumbe, que aclara previa y pertinazmente que la controversia no se refirió nunca al animal sino a las formas en que se produjo la introducción, se topó con el castor justo cuando él se incorporaba a este tipo de tareas, hacia el año 2005, casi dos después de su suelta ilegal. Y desde entonces le ronda la pregunta: ¿por qué habiendo en Navarra una población por encima de los 500 ejemplares, apenas hay daños de castor? «Pues porque, en general, no se alimenta de árboles», asevera.

Los árboles tienen mucha lignina, pero poca proteína. «Ningún herbívoro se entretiene fundamentalmente comiendo plantas leñosas. El castor, si puede comer verde, por supuestísimo que come verde», asegura el experto. Así, cuando se decide a ingerir la corteza, retira una franja que esté tierna, pero la cantidad disponible en esta condición es muy pequeña. Tampoco ha constatado que ingiera muchas ramas u hojas de esos árboles caídos. Por tanto, insiste Larumbe, «no roe, en general, para comer, sino para facilitar rebrotes de ramas verdes más comestibles que el propio tronco de árbol en las siguientes temporadas».

CASTOR EUROPEO, NO AMERICANO

¿De dónde viene la mala prensa de devastador de arboledas? Ocurre que el castor más popular, el gran constructor de presas y destructor de árboles, es el americano (Castor canadensis), y éste sí corta troncos cuando tiene que construir sus diques, y precisa para ello de fustes grandes. El nuestro, sin embargo, es una especie distinta (Castor fiber), no tan activo en estas funciones.

     Así lo destaca Daniel García, quien recuerda que el europeo «no hace presas, o las que hace son muy pequeñas y en pequeñas regatas, riachuelos o acequias», aunque sigue siendo «un trabajador impresionante».

     Benjamín Sanz relata en su artículo publicado en Galemys a finales del año pasado que la dinámica de nuestros ríos «con épocas de fuerte estiaje seguidas de grandes avenidas supone un impedimento para la especie a la hora de construir cabañas y presas», pero que, según ha podido comprobar, ha llegado a hacer presas en el río Alhama, en la provincia de Zaragoza, tras varios meses de sequía.

     Siendo muy parecidos, visualmente los expertos los diferencian por la nariz.

En este sentido, el técnico navarro y su equipo han comprobado que aunque la comida es abundante en la zona, todos los años son lastimados unos cuantos árboles. No arruinará la arboleda entera, pero siempre aparecen algunos troncos tendidos aquí y allá, de forma dispersa. Escoge tres o cuatro, los muerde o los tumba, y se va. Para el especialista, «nuestro castor no lo hace por casualidad».

«Es un bicho grande, que se pone de pie y empieza a morder donde alcanza según el lado del talud», de manera que las marcas en los troncos se dejan ver a unos 10-20-30 centímetros del suelo. Cortado a esta altura, ese árbol caerá, pero mantiene su sistema radicular, permanecerá vivo, y en la mayoría de los ejemplares (álamos blanco y negro, sauces, fresnos…) enseguida surgen retoños. «En los chopos es espectacular», detalla. Nacen ramas tiernas y jóvenes que quedan al alcance del roedor. Y ésta es la razón, sospecha Larumbe, del curioso comportamiento: «Yo creo que está en su esencia prever para el futuro; algo así como “quito este arbolico y el próximo año, en la primavera, volverán a salir ramas frescas y me voy garantizando el alimento". Desde el punto de vista biológico es una estrategia muy eficaz». Al facilitar el refresco de los ejemplares y así tener todos los años no sólo pies de gran envergadura, sino algunos recién nacidos y jóvenes, además, facilita la reestructuración. «No hemos visto nunca daños muy grandes, recalca el biólogo, pero sí todos los años te va a comer unos cuantos árboles».

Al investigador Benjamín Sanz le ha resultado «llamativo el hecho de que apenas toquen ejemplares de mediano o gran tamaño: el 82% de las marcas era en árboles de menos de 10 centímetros de diámetro y los troncos afectados de más 20 centímetros apenas representan el 3%», verifica. Y también que «parecen utilizar de forma intensa una zona y posteriormente desplazarse a otra, pese a que queden abundantes árboles en la primera de ellas».

Por todo ello, ahonda en que «no hay que tener ningún problema ni ningún miedo. Todos los que tumba son arbolillos muy pequeños, de la misma orilla. En los ríos mediterráneos es habitual que una avenida se lleve decenas de estos árboles, y al año siguiente broten en el lugar miles de arbolitos nuevos. La mayoría va a morir, porque adultos caben muchos menos. Así pues, el castor sólo va a quitar los sobrantes». Y compara que en marzo del año pasado hubo una riada en el Ebro que «ni en años tumban los castores tantos árboles como en esa circunstancia».

Al final, esta conducta va a hacer que arboledas completamente artificiales se naturalicen, generando bosques de ribera. Empezarán a verse estos chopos trasmochos. Después, del mismo fuste trasmochado salen ocho o diez ramas laterales, que se entrecruzan con las de otros fustes. Este entramado, entre otros beneficios, ayuda a frenar las riadas propias de la dinámica habitual de estos ecosistemas. El agua arrastra diversos materiales y, entre ellos, semillas que, cuando tropiezan con estas ramas bajas, se frenan pudiendo germinar, y poco a poco el soto se va diversificando.

Si esto se prolonga en el tiempo, «se aprecia cómo cumple su papel en su nicho ecológico: va quitando algunos árboles coetáneos y al cabo de un determinado lapso (10-30 años) aparece una arboleda plurianual, de una composición completamente distinta, y el castor dispondrá todos los años de árboles con diversas alturas donde puede encontrar diferente tipo de alimento», describe Larumbe, quien recalca que «éste es un efecto evidente de los castores. Es un constructor de sotos estupendísimo. Los diversifica. En la vertiente Atlántica, con ríos mucho más estables que los mediterráneos, seguro que en muchos puntos nos va a ayudar a gestionar los ríos si lo sabemos llevar bien». Para el experto, no hay duda de que «en arboledas naturales, este animal se puede dejar perfectamente, y salvo que haya unos daños inasumibles por el hombre, debería estar allá donde naturalmente se pudiera desenvolver».

POLÉMICA REINTRODUCCIÓN

Benjamín Sanz recuerda en su artículo que la presencia actual del castor europeo en el valle del Ebro es consecuencia de una suelta de 18 ejemplares llevada a cabo en marzo de 2003. Los animales procedían de granjas de cría de Baviera, Alemania. Su presencia fue descubierta en Milagro (Navarra) y Alfaro (La Rioja) por Ceña et al. (2004) en un estudio de campo sobre visón europeo.

     Ante esta situación, Jokin Larumbe, del Servicio de biodiversidad del Gobierno de Navarra, recalca que «diferencio mucho entre el animal y la reintroducción. Se consiguió llevar la polémica a la especie y no a la introducción ilegal, cuando el problema nunca ha sido la especie. Si nos sueltan ilegalmente un quebrantahuesos, la obligación de los poderes públicos es denunciar a quien haya hecho una barbaridad de ese calibre y, además, extraer al animal del medio porque hay unas normas muy férreas en cuanto a introducción de animales, como la Ley de Biodiversidad, que incluye una serie de condiciones muy exigentes. Y, sobre todo, con especies que pueden afectar a más de una Comunidad Autónoma. Y el Código Penal contempla estas introducciones como un delito. Me parece de una purísima evidencia, porque en estas introducciones tienes que contar con una genética adecuada, una revisión higiénico-sanitaria, una cuarentena, una concienciación a la población… Es muy poco conocido por los partidarios de esta introducción ilegal que entre los castores que capturamos había unas genéticas totalmente diferentes unas respecto de las de los otros, y quien lo hizo desde luego no estuvo buscando una genética idónea, cogió lo primero que pilló, y eso nos da un inicio de una población en España totalmente hibridada entre varias subpoblaciones y razas que no debería ser. Cogieron varios individuos y allá había un poco de todo. La introducción ilegal es repugnante y condenable siempre».

A ello se une que estas señales en los árboles apenas se alejan de la orilla, como bien ha comprobado Sanz. En su estudio detalla que casi el 30% de los árboles con marcas se localiza en la misma orilla, y el 62,7% se sitúa entre uno y diez metros. En eso también coinciden ambos expertos. Es difícil encontrar marcas mucho más allá de los cinco metros. Esto tiene de bueno que esta franja es Dominio Público Hidráulico (terrenos hasta la máxima crecida ordinaria del agua) o Zona de Servidumbre (los siguientes cinco metros), así que, en principio, no tendría que haber un cultivo privado en zona donde se mueve el castor. Asimismo puede traducirse en que si hay daños, no van a producirse en todo el plantío.

El rastreador aragonés sabe que el roedor ha atacado algún frutal cerca de la orilla «y ahí hace daño. Pero eso es algo muy concreto que se soluciona con una malla conejera alrededor de los árboles», solventa. Larumbe sopesa que si suceden daños mayores, se podría plantear algún tipo de mecanismo indemnizatorio porque puede surgir una receptividad social muy negativa. En este caso conviene hacer un programa de sensibilización de la población «para evitar una resistencia donde no tiene por qué haberla». En Navarra los problemas están siendo pocos en general, si bien es cierto que aún no saben cómo puede afectar en inundaciones más importantes. Igualmente, hay que prever lo que puede ocurrir, por ejemplo, en ríos torrenciales, donde si cae un árbol y colapsa algún puente puede originar un problema añadido. «Eso habría que valorarlo técnicamente», avisa.

¿Hasta dónde se dispersará de forma natural?

Según repasa Sanz, la especie ya ocupa el río Ebro en La Rioja, Navarra y Zaragoza. Además, a través del río Zadorra ha alcanzado la ciudad de Vitoria-Gasteiz; por el río Arga ha llegado a Pamplona; por el río Jalón parece haber ocupado hasta cerca de la provincia de Soria y por el río Huerva hasta Mezalocha (Zaragoza).

Pero «el castor va a ir a más sitios, asegura. No lo veía yo así antes, pero si algo he aprendido en mis más de 30 años de profesional es que de la naturaleza me espero cualquier cosa. Ya me han avisado de que ha saltado el embalse de Yesa, que es un pedazo de embalse en el río Aragón, y el de Santa María de la Peña, cosa que tengo que ir a comprobar. Pero si es verdad que ha sido capaz de saltar esas dos presas, que se preparen en el Tajo, en el Duero y en todos los ríos de la Península, porque no lo van a parar».

«Por lo que he visto, a poco que tenga unos sotos medianamente constituidos es capaz de saltar de cuenca a cuenca con bastante facilidad», continúa Larumbe. No en vano, «cuando lo ves en directo aprecias su gran tamaño», describe el técnico, que ha llegado a observar alguno de más de 30 kilos. «30 kilos, si es un perro, te asusta; los corzos suelen tener 23-25 kilos, la única diferencia es que el castor tiene las patas más cortas, es más compacto. Un animal así impone», advierte. Pero es tranquilo y nocturno. «Y cuando se mete en el agua tiene una movilidad brutal», dice. La cola es un remo que le lleva a cualquier lado. «En un río un poquito grande, los machos se dispersan 30-40 kilómetros ‘en un sin ver’. Unos individuos jóvenes de Navarra, en cuatro días los podemos tener en Zaragoza mismo». Aún no tienen muy claro cómo se desenvuelven en ríos secundarios o terciarios, pero hace poco estuvo en un riachuelo mínimo buscando cangrejo autóctono y de pronto dio con señales de un castor «que había subido por una regata pequeñísima, había pasado no sé por dónde y ahí se había entretenido comiendo un par de arbustos… Tiene una gran capacidad de moverse». Además, han encontrado animales relativamente alejados de cauces fluviales: «el bicho se pone andar, y llega a otro río y coloniza. A estas distancias, si un lugar tiene un poco de agua y un poco de soto alrededor, es un sitio susceptible de que aparezca el castor»

Aunque, admite, tampoco conocen aún mucho al animal ni su capacidad de adaptación. Donde los ríos transcurren con un poco de caudal y las temperaturas no son extremadamente cálidas, como Burgos, el Duero o el Alto Tajo, probablemente pueda adaptarse. También en muchas zonas alavesas del País Vasco. Ahora bien, «en lugares más expuestos al sol y con el agua más torrencial, eso aún no se sabe…», deja caer. Así pues, habrá que observar si allá donde el sol da despiadadamente y los regímenes tormentosos son mucho más acusados el animal cabe tan bien como en el norte peninsular. «Esto no lo sabemos, pero tengo mis dudas de que vaya a aparecer o le merezca la pena estar por toda la península Ibérica», avanza. Sanz también duda: «no sé si bajará hacia el sur porque tampoco está clara esa distribución histórica».

La sensación de Larumbe es que nunca ha habido mucho castor en España. «Todos los datos que tenemos son muy muy antiguos y, de alguna forma, perimetrales de la Península». Hay constancia de su presencia aquí desde hace al menos 1,4 millones de años, como repasa Sanz en su artículo, con noticias en el siglo IV y una última cita en el siglo XVIII. Pero a pesar de haber sido autóctono, el especialista navarro cree que no tuvo unas poblaciones muy bien establecidas, «que nunca fue muy numeroso, porque por el tipo de bicho que es, la pelambrera que lleva, la capa de grasa, el peso… está mucho más adaptado a la parte norte europea. No es tanto que en España no pueda haberlo, sino que realmente en la península Ibérica el clima mucho más mediterráneo no le termina de acompañar. Esto no es Polonia, ni Dinamarca o Alemania. Un bicho que está tan adaptado a esos fríos, me extraña que aquí tuviera poblaciones muy boyantes».

Pero, además, visto que ahora se ha expandido relativamente bien y que su eliminación es difícil, le parece complicado que, de haber existido miles de ejemplares, se hubiera podido acabar con ellos en época romana o medieval. «No creo que tuvieran unos sistemas de rastreo tan finos para un animal que es nocturno, camina entre arboledas y es capaz de andar 30 ó 40 kilómetros tranquilamente. Además, sólo se captura por trampeo, pero no a base de palos, sino con lazos, sirgas y similares, que son inventos recientes. Cazarlo con flechas lo veo muy difícil. Que sea autóctono no significa que fuera abundante, y a mí me da la sensación de que ésta nunca ha sido una tierra de mucha abundancia de castores», concluye.

En Protección Especial

La última novedad para el castor es que ha pasado de ser una especie a la que había que erradicar, a estar contemplada en Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial -tan conocido ahora a causa del lobo- y por tanto son de aplicación los Anejos II y IV de la Directiva de Hábitats en referencia a España. Esto obliga a realizar un seguimiento de la especie para conocer su evolución.

El Anexo III de esta Directiva señala que, para la fauna listada y designada en esa lista como especie de referencia, las Comunidades Autónomas tienen que habilitar espacios de conservación (Lugares de Importancia Comunitaria, que luego pasarán a designarse Zonas Especiales de Conservación) para constituir Red Natura. El castor es una especie de referencia Europea para crear Red Natura allá donde es autóctono. Como hasta el momento no se había considerado esta autoctonicidad, la constitución de Red natura en España no lo había contemplado, pero con el reconocimiento de esta condición por el Ministerio, ahora tendrá que hacerse, cuenta Larumbe, «lo que conllevará reacomodar la Red Natura en cada comunidad afectada, y eso va a necesitar una reflexión de fondo bastante interesante».

Daniel García Mina lo ha visto muy a menudo. «A modo de curiosidad y experiencia personal, puedo decir que en general es un animal confiado, que parece que no se preocupa de la gente que pueda tener alrededor si se mantiene distancia, se está tranquilo y no se grita». Además, comparte con gusto su pequeño hallazgo de que que «al nadar, prácticamente no crea estela de agua alguna. Un ánade real hace mayor estela y rastro que un castor nadando, a pesar de ser un bicho de 15 kilos», relata. A Benjamín Sanz le hizo mucha ilusión que la especie llegara a Zaragoza: «el castor es sin duda una pieza clave de nuestros sotos ribereños y hay que aceptar que ha llegado para quedarse», defiende en su artículo. Para Larumbe, Navarra reúne unas condiciones ambientales idóneas para la biología del animal. Mientras tanto, lo tiene claro: «El tema de castor se puede analizar desde muchas perspectivas y con él se aprenden un montón de cosas. Desde el punto de vista de este aprendizaje, es un animal apasionante».

RELACIÓN DE FOTOGRAFÍAS:

+ Imágenes 1-2-4-6: Cortesia de Daniel García Mina, en la web https://avistadepajaros.wordpress.com/. 2: Un castor sentado en tierra. 4: Hembra alimentándose. 6: Ejemplar nadando en el río Arga, en Pamplona.

+ Imágenes 3 y 5: Cortesía de Benjamín Sanz, http://muskari.blogspot.com/. 3: Individuo fallecido. Imagen captada durante su estudio en un laboratorio. Puede verse el poderío de sus dientes. 5. Un castor nadando en las cercanías de Zaragoza.

Mónica Rubio. Periodista y Bióloga.