La conocida como ‘mancha blanca’ del Mar Menor tiene un gran impacto medioambiental y ha eliminado ya siete kilómetros cuadrados de vegetación submarina, diezmando a la vez sus poblaciones de peces, según advierte en una nota de prensa el Instituto Español de Oceanografía (IEO-CSIC), que junto a la Universidad de Murcia (UMU) han documentado, por primera vez a nivel mundial, el impacto ecológico real de un episodio persistente de este tipo, denominado whiting.
La investigación revela que lo que hasta ahora se consideraba una simple anomalía visual o un proceso geoquímico, ha provocado una extensa degradación de la flora del fondo marino y una profunda simplificación de las comunidades de peces.
La mancha blanca se produce por un aumento del pH del agua (alcalinización) que provoca la precipitación continua de microcristales de calcita, dándole al agua un color lechoso. El estudio cartográfico y por satélite revela que esta deposición afecta ya a 12,3 km² (el 9% del Mar Menor).
Un desierto bajo el agua por falta de luz
En esta zona, la turbidez es hasta nueve veces superior a la normal, lo que reduce drásticamente la entrada de luz. Durante el periodo estudiado, solo llegó al fondo un 3,9% de la luz solar (frente al 18,3% en zonas sanas). Como resultado directo de esta oscuridad y del entierro bajo la calcita, se ha formado un núcleo central de 6,7 km² de fondo marino completamente desprovisto de vegetación.
"La magnitud de la pérdida de pradera es especialmente preocupante. La mancha blanca no se limita a cambiar el color del agua: reduce drásticamente la luz que llega al fondo y deposita de forma continua partículas de calcita sobre las plantas", explica Víctor Orenes-Salazar, investigador del IEO-CSIC y autor principal del estudio.
Efecto en cascada: de 21 a 3 especies de peces
La desaparición de las praderas no es un impacto aislado. Estos fondos vegetales son esenciales como refugio y zona de cría para la fauna marina. Para medir este "efecto cascada", la UMU analizó durante un año a más de 4.000 peces.
Los resultados son muy marcados. Mientras que en las zonas sanas de control se detectaron 21 especies diferentes, en el límite de la mancha aparecieron 10, y en el núcleo afectado únicamente tres. Especies ligadas a la vegetación, como la aguja de río o el tordo, han desaparecido casi por completo en favor de especies generalistas, como el gobio negro.
"La mancha blanca no está actuando sobre un ecosistema intacto, llega tras décadas de cambios y pérdida de hábitats profundos. Nuestros resultados sugieren que este fenómeno está simplificando aún más unas comunidades que ya habían sufrido importantes transformaciones", advierte Adrián Guerrero-Gómez, investigador del Departamento de Zoología de la UMU.
Un aviso para el futuro del ecosistema
El estudio aporta la primera evidencia empírica a escala mundial de que un episodio de whiting puede persistir durante años y provocar modificaciones ecológicas sustanciales. Además, subraya la necesidad de abordar el Mar Menor como un sistema integrado, sobre el que es prioritario mantener una vigilancia constante para evitar que la mancha avance hacia sectores más sensibles y determinar si la vegetación será capaz de recuperarse en el futuro.
Este estudio integrado ha sido posible gracias a fondos estatales, autonómicos y europeos a través de los proyectos Belich (Miteco/ NextGeneration EU), Grassrec (Ministerio de Ciencia e Innovación) y contratos de la Dirección General del Mar Menor de la CARM.
La investigación ha sido publicada en la revista Marine Pollution Bulletin con el título de 'Paint it black: Chronic whiting event degrades bottom communities in a Mediterranean coastal lagoon', en un artículo firmado por Víctor Orenes-Salazar, Adrián Guerrero-Gómez, Antonio Zamora-López, Antonio Ortolano, Marijn Oosterbaan, Antonio A. Herrero-Reyes, Patricio López-Martínez de la Plaza, Eugenio Fraile-Nuez, Mar Torralva, Juan Manuel Ruíz y Lázaro Marín-Guirao.
2026-07-30

