"La nueva era de incendios forestales extremos exige un plan de acción integral de prevención y adaptación del territorio. La recuperación de usos agroforestales tradicionales, así como la restauración ecológica son las mejores herramientas para diseñar paisajes resilientes al fuego", ha reivindicado hoy WWF en la presentación de su informe anual sobre incendios forestales, titulado Incendios extremos: el reto de adaptar el territorio.
El documento posiciona 2025 como el peor año del siglo y uno de los más graves de la serie histórica, con cerca de 355.000 hectáreas arrasadas por el fuego. En ese ejercicio, fallecieron ocho personas, 79 resultaron heridas y más de 42.000 tuvieron que ser evacuadas. El pasado año, destaca el informe, constató un cambio de paradigma con incendios cada vez más severos, extensos, difíciles de controlar y en menor intervalo de tiempo.
Aunque el número de siniestros ha disminuido a 8.199, la cifra de grandes incendios forestales -más de 500 hectáreas- ascendió a un total de 63, y 47 se produjeron solo en agosto. De ellos, 5 fueron de más de 20.000 hectáreas. De hecho, su simultaneidad supuso que en tan solo dos semanas del verano se concentrara el 90% del total de superficie quemada y agravara la emergencia. "Esta situación saturó los medios de extinción, dificultó las evacuaciones y redujo drásticamente la capacidad de los equipos de emergencias para controlar tantos frentes al mismo tiempo.
Uno de los casos más preocupantes fue el noroeste de la Península, que sufrió el impacto de 32 Grandes Incendios Forestales (GIF), lo que supuso el 75% de la superficie afectada a nivel nacional. Estos datos corroboran las previsiones de WWF en su informe de 2018 “El polvorín del noroeste”.
Por todo ello, "los incendios de 2025 confirman los límites de un modelo de lucha contra los incendios forestales que ha quedado obsoleto ante el nuevo contexto climático", advierte la organización, que repasa que actualmente se dedica el 78% de los recursos a la extinción (entre 600 y 700 millones de euros al año) y tan solo un 12% a la prevención, la gestión forestal y la adaptación del paisaje (180 millones de euros al año).
Decálogo de actuación, las medidas más destacadas
Ante esta situación, WWF considera que estamos "a tiempo de actuar ante los incendios forestales" y reclama varias medidas, entre las que destacan:
- Aumentar la inversión en prevención y adaptación del territorio.
- Identificar y cartografiar las zonas de alto riesgo de incendio (ZARI) y las zonas estratégicas de gestión (ZEG) donde concentrar las actuaciones preventivas.
- Impulsar los mosaicos agroforestales apoyando especialmente actividades como la ganadería extensiva o los cultivos tradicionales.
- Gestionar anualmente, como mínimo, el 1 % de la superficie forestal a escala nacional.
- Impulsar un Plan Nacional de Restauración Ecológica ambicioso.
- Avanzar hacia una cultura de convivencia con el fuego basada en la prevención de los incendios, generar una cultura de riesgo y de conexión con el medio rural.
- Blindar la interfaz urbano-forestal mediante planes de autoprotección.
- Establecer una metodología nacional homogénea de evaluación y planificación desde una perspectiva de gobernanza colaborativa.
- Trabajar en una financiación adecuada para la resiliencia territorial y en una política de fiscalidad verde basada en “quien contamina paga y quien conserva recibe”.
- Conocer mejor las causas y las motivaciones de los incendios, mejorar la eficiencia en la identificación de causantes, así como en la aplicación efectiva de sanciones y condenas.
Las verdaderas causas: crisis climática, falta de prevención y abandono rural
En palabras de WWF, entre las causas principales de los incendios están la escasa inversión en prevención, el arraigado uso del fuego en el entorno rural y el abandono del paisaje agroforestal, así como la ausencia de gestión forestal y la nula planificación territorial.
Por otro lado, las consecuencias negativas de la crisis climática combinadas con el abandono rural y la pérdida de gestión del territorio hacen que el paisaje agroforestal sea cada vez más vulnerable ante los incendios. Además, existe un gran número de viviendas ubicadas en la interfaz urbano-forestal que no cuentan con planificación ni medidas de autoprotección adecuadas, lo que agrava el problema. Todo ello supone "una grave amenaza ambiental, social y económica".
La entidad recuerda que, según los datos disponibles, el 95% de los 8.800 incendios forestales que se producen de media al año son provocados por la mano del hombre, principalmente por el uso del fuego como herramienta de gestión en zonas rurales, y el 5% restante corresponde a la incidencia de los rayos, por lo que existe un amplio margen para evitar que muchos de estos siniestros se produzcan.
Asimismo, el texto denuncia que "otro de los detonantes es el gran desconocimiento de las causas de estos siniestros: el Miteco desconoce la causa de más del 12% del total y el Seprona estima que hasta el 60% no llegan a esclarecerse".
Por otro lado, WWF destaca la desinformación y la difusión de bulos en medios de comunicación y redes sociales como un nuevo factor de riesgo ante este tipo de crisis, ya que ponen en riesgo la veracidad de las causas reales. Por ello, la organización insiste en que es importante centrar el debate en el verdadero origen de los incendios y en las soluciones basadas en la ciencia que reducen el riesgo.
Necesidad de un amplio acuerdo político
WWF considera fundamental que exista un amplio acuerdo político que permita abordar de forma integral la prevención y adaptación del territorio ante el riesgo de los incendios forestales. “Necesitamos un cambio de estrategia que vaya más allá de la extinción y aborde una gestión integral basada en la prevención y la adaptación del territorio hacia mosaicos agroforestales, una planificación territorial preventiva y recursos suficientes para hacer frente a las emergencias”, explica Lourdes Hernández, especialista en incendios forestales de WWF España.
El informe ofrece un análisis de la respuesta política ante los incendios forestales desde una perspectiva europea, nacional y autonómica. Con el fin de aportar posibles soluciones, WWF propone una serie de recomendaciones dirigidas a los distintos actores clave para garantizar los avances necesarios hacia un enfoque integral, basado en la prevención, la adaptación y la construcción de paisajes más resilientes.
En este sentido, la ONG ambiental valora como punto de partida la iniciativa para establecer un Pacto de Estado frente a la Emergencia Climática, pero advierte de que este debe traducirse en acuerdo político y compromisos concretos, financiación suficiente y políticas coherentes que integren biodiversidad, agua, energía, producción de alimentos y territorio.
Respecto a la aplicación del Real Decreto 716/2025 aprobado el pasado año, que establece el marco común para la gestión de estos siniestros desde el punto de vista autonómico, la ONG ambiental subraya que, aunque la mayoría de las comunidades autónomas ha presentado sus planes anuales, no existe una evaluación homogénea ni periódica que garantice su aplicación efectiva, ni tampoco objetivos medibles de prevención.
La organización insiste en que la recuperación de usos agroforestales tradicionales como la ganadería extensiva y la agricultura, así como la restauración ecológica son las mejores herramientas para diseñar paisajes resilientes. Todo ello ayuda a crear ecosistemas mejor adaptados a la crisis climática que promuevan la biodiversidad, refuercen los servicios ecosistémicos y generen riqueza en las zonas rurales.
2026-06-25

