Hace menos de un mes que nos hemos trasladado de vivienda y en la nueva localización una pequeña terraza se abre ante los ventanales del salón.

Hasta aquí han viajado con nosotros la hierbabuena, la manzanilla, así como una morera, un limonero, un mandarino y una jacaranda de pequeño porte que se han unido a los viejos inquilinos del lugar, principalmente cipreses y un aromático jazminero que hay que limpiar.

Hemos ido poco a poco porque, ya sabéis, las mudanzas son horribles. Y cuando le ha tocado el turno al jardincillo nos hemos topado, con cierto temor, con decenas de pequeñas deposiciones alargadas por el suelo, cerca del ventanal. "¿Será de una rata?", ha sido nuestro primer pensamiento. Parecen un poco pequeñas. ¿Un ratoncillo, quizá? Sería un problema, porque no nos apetece que se cuele en la casa, pero no hemos oído en todo este tiempo trajín alguno que delate sus andares por los parterres. ¿Quién deja entonces estas deposiciones, y en tanta cantidad?

Una reciente inspección ocular nos ha traído al "culpable": una gran saltamontes marrón, algo desconfiado al principio (grupo de insectos que en la Región se denominan también sanagustin, salagustín, charate, grillo, saltamartí, llagosta o llagostí, langosta y langostón). Él es quien está dejando este rastro. "¿Los saltamontes cagan? Yo es que de lo orgánico conozco poco", bromea un vecino. Pues seguramente no muchas personas se lo han planteado, pero sí. Y lo cierto es que sus deposiciones se parecen mucho a las de ratas y ratones. Afortunadamente éste no es el caso. Pero...

De saltamontes a langosta: ojo a la plaga

Pero, ¿podría este ejemplar acabar con nuestra morera, donde pasa largas horas?, ¿podría convertirse en plaga? Pues podría. Depende de varios factores.

En principio, que este individuo y uno de menor tamaño -que una tarde, acosado por nuestra cámara, buscó refugio ascendiendo rama arriba hasta situarse tras la protección del adulto- estén en el jardín no nos molesta en absoluto. Es más, nos gusta verlos deambular por aquí. No creemos que acaben con nuestras plantas, pues ellos ya estaban antes que nosotros.

Sin embargo, no deja de ser curioso que las conocidas langostas son, en realidad, saltamontes transformados. Son el mismo animal, que cambia de aspecto y de comportamiento. Y la transformación puede ser realmente rápida, dejando de un día para otro -en laboratorio, en dos horas- de ser solitarios a moverse en un enjambre masivo que arrasa con todo lo que les parece comestible. En este cambio, las piernas se acortan, exhiben un color distinto y, según las fuentes, hasta experimentan un aumento del tamaño del cerebro "para poder resolver situaciones de mayor complejidad" (según una noticia aparecida en perfil.com). Otros investigadores (rtve.es) dicen que aumentan sus niveles de serotonina, que en humanos tiene que ver con el placer y el bienestar, apuntan; a lo que añadimos que esta hormona y neurotransmisor también regula funciones importantes como el estado de ánimo, el sueño, la coagulación sanguínea y, ¡oh, casualidad!, el apetito y la digestión.

No sé en concreto qué especies de saltamontes pueden transformarse en langosta, pero éste me temo que sea un saltamontes egipcio o langosta egipcia (Anacridum aegyptium), y miembros de su familia sí sufren esa transformación brutal. Esta especie, por su parte, es capaz de formar enjambres, aunque parece que no de esos fabulosos tamaños ni con esas alteraciones notorias. La cosa, cuando pasa a plaga descomunal, funciona así: cuando confluyen ciertas condiciones ambientales (que varían de una especie a otra) como el clima -los expertos apuntan a situaciones de sequía y baja humedad, o por el contrario, a las lluvias torrenciales en época reproductiva-, la baja disponibilidad de alimento o su sobreabundancia, según otras fuentes -así que me da la sensación que no se sabe del todo bien cuál es el desencadenante- y la densidad de población -al parecer, el roce de sus patas con las de otros ejemplares es un disparador de este cambio- se hacen gregarios, ¡y adiós!

Así que estaremos atentos a ver si vemos aparecer más ejemplares, a la llegada del periodo de puesta -en primavera, para esta especie- a posibles cambios de color -¡ojo! no hay que confundirse toda vez que se descubrió que ciertos saltamontes mejoran su camuflaje ante mayor riesgo de depredación-... ¡Madre mía, qué de trabajo y no hemos hecho más que llegar!

Bibliografía:

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Mónica Rubio. Periodista y Bióloga
2025-08-24

 

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TERRAZA INDÓMITA es una sección del blog de elclickverde que trata, con humor, de la naturaleza más cercana: ésa que se adentra en nuestras casas y, en ocasiones, desconocemos. Para nosotros sigue siendo sugerente y fascinante, y siempre nos brinda una ocasión de aprender. La idea se remonta a la época de la pandemia, cuando nos vimos obligados a permanece tanto tiempo en el interior de nuestros hogares. Por diversas circunstancias, no dispuse entonces de tiempo para adentrarme en esta "aventura". Durante esos meses teníamos una terraza, que descubrimos plena de vida "salvaje". Ahora nos hemos trasladado y tenemos otra que nos ha recibido con un montón de nuevos hallazgos. ¡Sigue siendo un terraza indómita, y seguramente así lo sean todas! Los hechos que van apareciendo en esta sección pertenecen a ambas localizaciones y a años distintos que se indican en cada entrada. Esperamos que las disfrutéis.

 

  • Adulto de saltamontes egipcio o langosta egipcia ('Anacridum aegyptium')
    Adulto de saltamontes egipcio o langosta egipcia ('Anacridum aegyptium').
  • El mismo ejemplar, en la morera
    El mismo ejemplar, en la morera.
  • Deposiciones de éste y otros individuos de la misma especie
    Deposiciones de éste y otros individuos de la misma especie.