Gallocanta, de la estación de las avutardas a la estación de las grullas

En ocasiones, la naturaleza no entiende de estaciones preestablecidas. No es otoño cuando cae la primera hoja del árbol, ni primavera con la primera flor que florece. En la laguna de Gallocanta ocurre algo así, y la delgada línea que separa una estación de otra se hace notoria en el relevo de las aves que la visitan: los parcos bandos de avutardas abandonan el lugar en septiembre, para dejar paso a las abrumadoras bandadas de grulla común. Así, casi es más fácil hablar de la estación de la avutarda y la estación de las grullas.

Las avutardas (Otis tarda) pueden observarse a lo lejos, hacia el sur del humedal, en los campos frente a Bello. El visitante se puede introducir por los caminos que surcan las orillas de la laguna y acercarse a una distancia prudencial, conociendo la proverbial desconfianza de esta ave. Hay que forzar la vista un poco, o usar un buen telescopio, para dar con los pequeños grupos, salteados en el llano. Su color pardo hace difícil distinguirlas del terreno. Pero una vez en la zona, se contemplan corros aquí y allá, que ofrecen un bello espectáculo cuando echan a volar y cruzan el aire pesadamente delante del espectador.

Las avutardas se encuentran en esta zona lo suficientemente a gusto como para desarrollar su vistoso cortejo, que tiene lugar entre finales del mes de marzo y abril, e incluso mayo, y alimentar los primeros meses de vida de sus crías. Nos contaron los vecinos que aquí, los agricultores resevan parte del grano caído para que se alimenten los grupos de avutardas que se han acostumbrado a estas llanuras cerealistas.

Este invierno, han llegado a Gallocanta 51.739 grullas comunes. Su número desplaza del lugar a las avutardas.

Pero al llegar septiembre, otra ave la va a echar del lugar. La fuerza de esta recién llegada no reside en su tamaño, ya que es menos pesada y de una envergadura ligeramente menor; sino en su número. Y es que este año han llegado 51.739 grullas (Grus grus) a Gallocanta, según el censo realizado el 9 de enero de 2014 por Sarga para el Gobierno de Aragón. Al hilo de lo que nos comentaron el verano pasado en un hospedaje de la zona, en otras ocasiones han rondado hasta los 70.000 individuos. Si el dato de este año nos ha parecido visualmente aplastante, no podemos imaginar lo que supone a la vista una cifra semejante.

El caso es que resulta sumamente fácil dar con las grullas. Una sencilla vuelta a la laguna en coche permite contemplarlas prácticamente todas. Ocupando exactamente los mismos campos de la avutarda; pero además extendiéndose por ambas riberas de la carretera que une Bello y Las Cuerlas; en el pequeño navajo (laguna de reducido tamaño) situado al oeste de Santed, en la A-211; a raudales en las inmediaciones del Centro de Interpretación entre Tornos y Bello (que, por cierto, encontramos siempre cerrado, al igual que el otro centro situado en el pueblo de Gallocanta); o echándose a dormir en el rincón noreste de la laguna, cerca del observatorio de Los Aguanares y ofreciendo un bello anochecer desde el mirador del pueblo de Gallocanta.

Y un ruido que recorre el paisaje de costado a costado, un griterío con el que amaneces y con el que despides el día, una algarabía que alegra el espíritu del visitante, porque hay 51.000 grullas diciéndose aquello de “estoy aquí, ¿dónde estás tú?”, y están bien, y se irán, pero esperamos que el próximo año vuelvan.

Mientras tanto, las avutardas están desaparecidas..., pero no lejos. Son animales de corta migración, su peso les obliga a ello, así que pasan el invierno a unos pocos kilómetros de las mismas llanuras a las que volverán la primavera siguiente.

Y, con unas y otras, conviven los aguiluchos, cuervos, grajas, carboneros, ruiseñor bastardo, bandas de trigueros, estorninos, pardillos, patos y muchos más, cada cual en su estación.

Por todo ello, la visita a Gallocanta resulta muy gratificante tanto en verano como en invierno, si bien nos insisten en que en la estación fría hay más vida. Más vida en la charca, porque los pueblos están casi vacíos. Muchas de las casas, nos dicen, son en realidad segundas residencias de personas que viven en la capital; y que acuden principalmente para pasar el verano. Por eso, este enero Gallocanta nos ha resultado un tanto fantasmal; mientras que en Bello (donde, por cierto, tienen un cine-club en HD), hemos visto algo más de vida. En cualquier caso, casi preferimos estos meses tranquilos y estas fechas anómalas para tomarse unas vacaciones, para poder pasear sin estar más atentos que a la vida silvestre del lugar.

También croando

Una vida que, por cierto, no se acaba en las aves. De hecho, en los pequeños navajos que surgen en sus orillas se acumulan cientos, y decimos bien, cientos de anfibios, pegados unos a otros, casi peleándose por un huequito al sol o un lugar cómodo en el agua, lejos de la serpiente que, sin miramientos, va a conseguir una comida segura. Los vimos en verano, y ya casi es la hora de que vuelvan a acercarse empujados por el impulso de la reproducción; así que creemos que en fechas próximas, Gallocanta puede ofrecer otra hermosa escena para los amantes de estos animales. 

Y mucho más. Basta darse una vuelta por las afueras de Bello, alejándose de la laguna, para cruzarse con los milanos reales y los buitres, que te acompañan por el camino. O dirigirse hacia la laguna de La Zaida para encontrar una pareja de águila real. O perderse por los montes donde viven, nos cuentan, el zorro y los corzos. Lo dejaremos para otra visita, que sin duda realizaremos.

¡Nos vemos en Gallocanta!

Mónica Rubio. Periodista y Bióloga.

 

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A la izquierda, un ejemplar de grulla. A la derecha, pareja de avutardas.

 

 

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Muy fácil ver aves

Gallocanta está preparada para darse el gusto de perderse. Por los alrededores de la gran laguna hay pequeños caminos, algunos cómodamente transitables en coche si el barro lo permite; y a distintas distancias se dispone de observatorios estratégicos. Las aves se pasean por todas partes, pero tienen sus preferencias; de ahí el mapa que adjuntamos arriba, resultado de nuestras propias observaciones. Puede ser de ayuda a los primerizos, y si es así, ¡no olvidés compartir con nosotros vuestros hallazgos!

Os recordamos que las figuras de protección de esta zona son: Reserva Natural; Refugio de fauna silvestre; ZEPA: Cuenca de Gallocanta; LIC: Laguna de Gallocanta; y Humedal de Importancia Internacional -Convenio Ramsar-.