La canastera: el extraño caso del ave investigada durante 13 años y a la que la ley regional considera extinta

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A primera hora de la mañana, la canastera (Glareola pratincola) es todo algarabía. Las aves llenan el cielo con sus vuelos arrebatados, su piar agudo y sus repetidos chillidos… La colonia entera se está despertando y tiene que dar de desayunar cientos de insectos a sus polluelos. Quieta, en el interior de un coche o agazapada en el linde, Irene Arnaldos toma nota de todo lo que sucede. Lleva haciéndolo ya cuatro años, dentro de un proyecto de la Asociación de Naturalista del Sureste (ANSE) ideado para la conservación de esta ave desde que retornó a la Región de Murcia, a principios de siglo. Son ya 13 años aportando datos, y la ley regional continúa catalogando a la canastera como ‘extinta’, con todo lo que esto conlleva y, sobre todo, con lo que deja de conllevar.

canasteras-01-1-irene-ecv-pq.pngArnaldos está enamorada de las canasteras. “Miradla y decidme que no es hermosa” o “amor a primera vista. Y me dicen que por qué las menciono tanto”, proclama a menudo en las redes sociales, donde también ha reivindicado que “Murcia merece tener por siempre esta especie. Desde ANSE trabajamos para que así sea, y para que no desaparezca de nuestra Región, como ya lo hizo hace años”.

El mayor logro del 'Proyecto Canastera', y lo que a priori parecía ser su principal escollo, es la participación de los agricultores de los terrenos en los que cría la especie. Su colaboración es fundamental, porque en sus huertos pasa la canastera sus momentos más vulnerables: la puesta y el nacimiento.

Y es que esta ave viajera que llega a la Región más o menos por Semana Santa. En sus primeros vuelos inspecciona el terreno hasta que finalmente, a mediados de abril, el grupo decide descender y poner sus huevos en una de las parcelas en las que justo se acaba de recoger la producción pero que aún cobija a pequeñas plantas, tallos y restos de material vegetal. Ahí se siente segura. La canastera, pongamos cien ejemplares que había este verano, se establece ahí, y al poco, las parejas, en número variable cada año, se entregan a las cópulas. En breve, comenzará la cría. Es abril, y hasta mediados de junio no echará a volar la nidada. Durante ese tiempo, el terreno debe permanecer sin roturar y la zona, lo más tranquila posible.

Santiago Pérez, o la importancia de un agricultor

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Santiago Pérez es un agricultor que ha aceptado el reto. Tiene 13 hectáreas y 20 más en alquiler, donde en invierno planta principalmente verdura y en el verano hace rotaciones: deja una de barbecho, otra a lo mejor la siembra de cereal para que la tierra pierda la ‘maldad’ por si tiene algún tipo de enfermedad, de hongo... Y por el vecindario cultivan melón, sandía, maíz, alcachofa, lechuga, patata, brócoli…

  Pero “ellas siempre escogen una parcela que no esté cultivada, no hace falta que sea barbecho, pero que no esté cultivada”, insiste.

  Entonces, dice, “donde vemos que la canastera se va a quedar, si es nuestra, la dejamos sin labrar; y si no es nuestra, intentamos hablar con el vecino y que no la labre durante esos meses en que está criando. En este caso le explicamos todo, le decimos 'aproximadamente para tal día podrás entrar a labrar, no hay ningún problema' y todo eso… Para nosotros concretamente no supone pérdida económica. Cuando vienen para Semana Santa las plantaciones de melones están ya hechas y es muy fácil que esas parcelas ya no se planten”.

  Sabe de lo que habla, porque las canasteras criaron el año pasado en uno de sus terrenos. “Este año lo habíamos labrado con suficientes días de antelación pensando que iban a venir, para no molestarlas, pero por lo que sea el alimento ya no estaba. De hecho, se venían por donde íbamos labrando, las veíamos cómo iban detrás del tractor… y eso hizo que se quedaran en otro terreno”, cuenta. Este año, eso sí, ha visto que le han puesto algún nido suelto, pero sobre todo las recibe en el pastoreo porque “Los pollos tienen mucha hambre. A la hora de la comida les da igual una parcela que otra”, dice.

  El trabajo de ANSE está dando su fruto: “Antes de Irene sabíamos que había unas aves, que no sabíamos si estaban un año o seis meses, ni qué eran esos pájaros, y pensábamos que había que labrar en cuanto se vieran los primeros porque si se ponían a criar era un problema… Lo que conocíamos era que la canastera era un pájaro que emigraba, pero que cuando llegaba y se posaban ni podías tocar la parcela, no sabíamos ni cuánto tiempo…”, recuerda. Y reconoce: “Nosotros teníamos una información que no se acercaba a la realidad, creíamos que con el proyecto íbamos a tener gente todos los días…”.

  Ahora lo ve de otro modo: “A nosotros nos encanta la tierra y todo lo que hay alrededor. Es donde más felices estamos. El pequeño y mediano agricultor, que podemos ser casi como los campesinos de antiguamente, después de nuestra familia lo que más queremos es la tierra, y todo lo que acude a la tierra. Y ahora mismo las canasteras para nosotros son algo que están dentro de este entorno, y nosotros las amamos y las queremos, y vemos bien que se haga un seguimiento. De hecho, nos gusta que se haga, si viéramos que dejamos la parcela y que pasa el tiempo y aquí no viene nadie y pasan cuatro meses y los pájaros están muertos en la orilla de la carretera y aquí no asoma ni Dios pues a lo mejor diríamos ‘bueno, ¿y esto qué sentido tiene?’, pero una vez que vemos que la colonia va en aumento y que año tras año, en los últimos tres años, se va viendo el proyecto pues entendemos que es algo bueno”, explica, y dice jovial señalando al suelo: “esto por las tardes está lleno de huellas de canastera”.

  Él y sus compañeros que ya conocen al ave se muestran tan convencidos que además de conversar entre sí “vamos poniendo las fotos en los estados de whatsapp, y otros agricultores me preguntan, comentan cosas, y ya les vas desarrollando los datos y se van interesando porque ya entienden que el hecho de que vengan y se fijen en tu parcela no va a ser un problema. Luego se verá si su parcela reúne sus condiciones, pero sí va a conocer al pájaro porque va viendo las fotos desde que llegaron y las que me pasan desde el proyecto, el seguimiento que hacen, y la vamos dando a conocer”.

 

 

Historia de la canastera en la Región

La canastera se daba por extinta en la Región a finales de los años 70, y así se mantuvo hasta que en 1992 se tiene una cita de dos parejas. Posteriormente se encontró una colonia en 2002 que repitió en 2003, pero era de muy pocas parejas y los tractores de labranza se la llevaron por delante. Esto impulsó el nacimiento del proyecto, que arrancó en 2004.

  Al principio solo criaba en la zona de la Marina del Carmolí, empezó luego en saladares, el hábitat de donde, en realidad, es propia esta especie, así como de marismas, aunque cada vez más está perdiendo su hábitat natural y se está adaptando a lo que tienen, como los campos de cultivo. Ahora se extiende por San Pedro del Pinatar, San Javier, Los Alcázares y Cartagena.

  En San Pedro del Pinatar es donde menos amenazas sufre, ya que no está expuesta a la agricultura. Allí ha criado dentro del PR, junto a los charrancitos, por ejemplo.

  Catalogada en la Región como 'extinta', aparece sin embargo en el Libro Rojo de 2016 (sin valor jurídico) ‘en peligro crítico’. Existe también un Real Decreto nacional donde está como ‘vulnerable’.

  En España anida también en el Delta del Ebro, la Albufera, El Hondo, Almería y Andalucía, y en zonas de lagunas interiores y cultivos asociados a agua en Extremadura y Castilla-La Mancha.

Y aquí juega un papel fundamental el propietario de esos cultivos. De él depende que ese campo se quede sin roturar los meses de abril, mayo y junio. Afortunadamente “suele ser época en que no se planta y al agricultor quizá solo le suponga retrasar unos días el nuevo cultivo”, calcula Arnaldos. Pero el primer peligro surge cuando desconocen que tienen a este animal en su propiedad y, tras labrar una vez para airear la tierra, en ocasiones, al mes y medio, se animan a darle otro labrado, y ahí pueden estar los huevos o incluso ya los pollos. Y ahí es cuando hace falta este trabajo de protección y difusión.

Una colaboración que se realiza sin recibir nada a cambio, porque “pagar a alguien por cumplir la ley no es sostenible en el tiempo. Si acostumbras a la gente a eso, cuando no haya ayudas no van a proteger a la especie. Lo que interesa es que sepan que la especie les beneficia porque limpia los campos de insectos, y que es un aliado del agricultor, no un enemigo”, anima la experta. Y tanto ha sido así que hasta hay un agricultor ecológico, Fruta Mediterránea, que apoya económicamente al proyecto derivando parte de sus ganancias en Internet. Todo lo demás es voluntariado.

Y todo eso lo han conseguido a través de acuerdos verbales de custodia del territorio, “en los que nosotros les informamos, y luego vamos llamándolos cada cierto tiempo con las novedades de la colonia, el número de ejemplares incubando, nacimiento de pollos…”, describe Arnaldos. Este año han sumado cuatro nuevas incorporaciones.

Aunque la canastera se pasea, según los años, por hasta cuatro municipios de la Región, este año ha preferido Los Alcázares. Otras veces han estado más dispersas, pero hace unos meses se inundó uno de los puntos donde criaban y en otros hay cultivos, así que este año toca estar más agrupadas. En una parcela de unas cuatro hectáreas. Aquí es donde ha tenido que incidir en esta ocasión Arnaldos y su colega en campo, el también conocido naturalista Antonio Fernández-Caro. Normalmente no hay ningún obstáculo cuando consiguen hablar con los agricultores, que se muestran dispuestos a participar, pero el segundo problema sobreviene si alguno de ellos no tiene otros terrenos que cultivar y tiene que hacerlo donde están las canasteras. El riesgo es que labre cuando ya están los nidos. "Tenemos una semana de margen entre que la colonia ha escogido una parcela donde se va a instalar, y que todavía no ha empezado a incubar. En ese caso, si el agricultor decide que quiere plantar, hay que empezar a labrar antes de que pongan los huevos, porque una vez que los pongan ya no se debería tocar. Hay que recordar que a nivel nacional está protegida”, advierte la también técnico superior en Gestión Forestal y del Medio Natural.

Así que su trabajo comienza, en realidad, antes. De hecho, una semana antes de que finalice marzo hay que revisar las zonas donde ya ha criado la especie otros años o las áreas potenciales. “Y en cuanto se instala y vemos que se van a quedar, pasamos a localizar a los agricultores, a través de otros agricultores que nos conocen o de asociaciones de la zona, como La Ecocultural, que nos ha ayudado en estas situaciones; y al final los encontramos”, dice Arnaldos. Y empiezan las charlas.

Y es también cuando el trabajo de campo se intensifica. Arnaldos llega a la zona de anidamiento por la mañana “porque a primera hora hay la mejor luz; si vienes más tarde hace mucho calor y como hay mucha calima es más difícil localizarlas”, explica. Por la mañana hay más movimiento “y puedes ver cómo se desenvuelve la especie en el campo, lo que te da muchas pistas de lo que está pasando. Se ve, por ejemplo, la pequeña reverencia que hacen cuando se relevan al incubar el nido, y eso, añadido al sonido que emiten, te indica si tienen pollos o huevos. También, si viene el adulto a hacerse el herido es señal de que están incubando; o conforme los pollos crecen, los adultos se vuelven más alertas y más agresivos”, relata casi como un cuento. Entre sus labores está la tarea de contarlas, ver cuándo empiezan a incubar, calcular el número de parejas, inspeccionar si hay nidos nuevos, y mirar, mirar mucho, primero con los prismáticos, y luego el telescopio, porque “cuando hay mucho pollo y la colonia se alborota más intento no salir del coche, porque lo hacemos todo teniendo la precaución de causar las menores molestias”, señala. Por todo ello, muchas veces se queda todo el día. Las tardes son buenas, por ejemplo, para localizar la zona de alimentación. Al atardecer vuelve el ajetreo a la colonia y se las ve yendo y viniendo del dormidero a las zonas de pastoreo, que son la Rambla del Albujón y la Marina del Carmolí.

canasteras-02-2-anillando-ecv-pq.pngY más. Arnaldos y su equipo también anillan a las crías de canastera. Este año han sido ocho. Lo primero es localizar un pollo del tamaño adecuado -a los muy pequeñitos se les caen las anillas- y que esté cerca del borde para no tener que entrar en medio de la colonia. Cuando lo tiene a mano, sale del coche y lo atrapa. Las canasteras comienzan a chillar en grupo y a lanzarse sobre ella, igual que lo hacen cuando les ataca una gaviota o un cernícalo. Entonces se sienta en el suelo y rápidamente le coloca el aro. El anillamiento da mucha información. Se sabe a dónde viajan y en qué fechas. Y más cosas. Hace dos años anilló un pollito y este año lo ha visto en un nido y criando. Aunque comenzaron con anillas metálicas, ahora les ponen también de colores y coordinadas con un centro de Valencia para no repetirse. Así el año pasado identificó dos ejemplares anillados que no eran suyos, sino valencianos, que estaban criando aquí; pero a la semana siguiente uno de los miembros volvió a Valencia. Quizá este método les sirva también para conocer la supervivencia que tiene la especie el primer año, que es un dato que aún se desconoce.

Y aun les queda otro frente. Y es que los pequeñines son muy inquietos, y en ocasiones salen del nido o de los huecos en que están protegidos. Mal asunto cuando hay una carretera nacional de por medio. Cuando esto ocurre, cruzan y hay atropellos. Más de una vez le ha tocado a Arnaldos detener el coche para devolver una cría a su parcela.

O también, en ocasiones, hay que echar un ojo al ganado. En la zona hay mucho ovino y también caprino, los ganaderos hacen recorridos por el campo de Cartagena y llevan a los animales a comer los restos de cultivos cortados, como en el brócoli. “En esa trashumancia se meten en la colonia y se cargan todos los nidos. El año pasado llegué a un lugar de anidamiento en el justo momento en que vi un ganado, le expliqué al ganadero el acuerdo con los agricultores, el proyecto…, le dije que pasara por el borde y lo tomó bien sin ningún problema”, recuerda Arnaldos. Hay esperanza.

canastera-entera-de-cerca-ecv_0.pngA mediados de junio terminan la cría. Cuando llegan a juveniles y pegan pequeños aleteos, ya no hay problema. Pero a veces hay segundas puestas (la puesta de reposición) y ya les ha ocurrido que un 20 de junio les toque recoger los huevos del campo y llevarlos a una incubadora del centro de recuperación porque el agricultor tenía que labrar. Sucedió en 2015, y los polluelos fueron liberados después en presencia de los agricultores y sus hijos.

Normalmente las aves abandonan el grupo poco a poco a finales de junio o principios de julio. La colonia desaparece como tal, pero ellas se quedan alimentándose por el lugar o en destinos cercanos; ya no pasan allí todo el tiempo y se quedan a dormir en el suelo. Han ido perdiendo la atracción por este sitio y, a mediados o finales de septiembre, se irán del todo.

Está bien. En los últimos años se ha notado bastante el aumento de ejemplares, aunque varía según los años. Los primeros años eran 6 ó 7 parejas, luego hubo estimaciones de 30, 45, después 33… pero se está reforzando. Éste es uno de los objetivos del proyecto, “que se recupere en la Región y que los agricultores se den cuenta de que es necesario trabajar conjuntamente, porque en la tierra hay muchas especies asociadas a los cultivos que son beneficiosas para ellos, entender la agricultura de una manera integral, como agricultura-naturaleza, que en realidad es lo mismo si lo pensamos. A veces ven a los ecologistas como una amenaza y no es así, tenemos que aprender a trabajar conjuntamente”, aclara Arnaldos.

Y, por supuesto, mejorar su catalogación. Después de 13 años de proyecto, para la ley regional sigue ‘extinguida’. “Queremos que pase a 'vulnerable' y luego a que pueda ser declarada 'de interés'. Que desde la Administración se llevan a cabo planes de verdad para trabajar para que se recupere. Porque si estuviera bien catalogada, la Comunidad estaría obligada a poner las medidas de protección que merece", reclama.

“Para mí la canastera significa muchas horas de observación y ya son parte de mí. Me siento muy identificada con ella, incluso cuando las observo, cuando las veo volar tan alocadas”, sonríe Arnaldos, y añade “espero que el proyecto continúe. Hace falta. Si no estás pendiente de que el agricultor no labre el terreno, si éste no tiene conocimiento de que allí está la especie… en un solo año puede disminuir su número. En el momento en que nosotros dejemos de velar por la seguridad de la especie, en pocos años se puede ir al garete todo el trabajo hecho”.

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Mónica Rubio. Periodista y Bióloga.