Los pocos ejemplares que sobreviven cumplen una función en la vida de muchas plantas

Hormigas voladoras, las reinas del otoño

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Ya están aquí, un año más, las llamativas hormigas voladoras. Salieron ayer y aún siguen en el ambiente. Han surgido a cientos y de repente, como de costumbre. Su presencia indica que ha llovido con cierta profusión. Es, de hecho, justo al contrario de lo que reza el refrán popular, que advierte de que si las ves, lloverá pronto. En realidad el agua ya ha caído, ellas la han notado y esa húmeda sensación les dice que es hora de salir y buscar nuevos horizontes. Las que sobrevivan son las futuras reinas, y su reinado comienza cada otoño.

Estas hormigas no pasan desapercibidas. Su gran tamaño y su abundancia en el aire, en el pavimento, chafadas por decenas sobre la carrocería de los coches o en las fachadas de los edificios las hace bien patentes. Y no solo para los humanos. Una vez fuera del hormiguero son presa de varias especies de aves, de murciélagos y de otros depredadores que las esperan en el suelo, como los ansiosos sapos. Para todos ellos, es un festín que suele caer del cielo todos los años entre septiembre y octubre. Así que, a pesar de ser miles, la mayoría de ellas apenas dura unos segundos en vuelo. "Sobrevivirá un uno por ciento o menos", estima el biólogo Chema Catarineu, especialista en hormigas.

hormiga_alada_2_ppq_ecv.jpgCatarineu relata que estos ejemplares, machos y hembras reproductores ambos alados, se lanzan al aire desde el hormiguero. Los que superan el ataque de los depredadores procurarán encontrar pareja en pleno vuelo. Tras la fecundación, el macho, que es algo menor, muere, mientras las hembras que hayan tenido éxito localizan un lugar para el nuevo nido, se arrancan las alas y se disponen para la puesta. Todas las hembras fecundadas podrán actuar como reinas, dando a luz su propia descendencia y creando un nuevo hormiguero independiente.

Una vez instalada, y al cabo de unos meses, la nueva colonia se dedicará con ímpetu a recoger semillas, y de ahí viene su nombre popular de 'hormigas recolectoras'. Esta función es importante, ya que "en medio de las 'autopistas' para el transporte, que todo el mundo ha visto alguna vez, se les cae alguna semilla y así contribuyen a su dispersión", apunta Catarineu.

El experto detalla un caso particular de semillas que presentan una parte comestible, técnicamente conocida como elaiosoma, muy apetecible para el insecto. La hormiga se lleva la pieza entera al refugio, donde se comen esa zona, para luego abandonar el grano fuera, así que la especie vegetal consigue que la trasladen 'gratis', bromea Catarineu.

Además de ser de los pocos animales que almacenan comida, relata entusiasta el biólogo, se las puede criar muy fácilmente en casa, "hasta en un tubo de ensayo", y éste es el modo en que él se las muestra a sus alumnos de instituto, donde las abastece con alpiste y semillas trituradas en forma de masa. "Es curioso ver cómo se alimentan, cómo nacen las crías... es muy llamativo", anima.

Catarineu está ultimando su tesis sobre ecología de las hormigas, actividad que le ha obligado a salir al campo a poner trampas por toda la huerta del Segura analizando qué especies encontraba y adjuntando datos como altitud o humedad de la zona. Gracias a este trabajo, él y su equipo descubrieron recientemente una especie que estaba sin describir, "y estamos muy entretenidos con este tema", cuenta.

Del mismo modo, a muchos chiquillos les ha entretenido estos días la presencia de esta brillante hormiga, de nombre Messor barbarus, que de algún modo anuncia la llegada del clima más otoñal.

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Mónica Rubio. Periodista y Bióloga.